¿Salva el Bautismo?

15 mayo, 2008
Por Pablo Santomauro

“El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva …”

(1 Pedro 3:21)

Estas palabras de Pedro han sido motivo de serias controversias hasta el día de hoy. Tanto algunas sectas, así como sectores sacramentalistas dentro del espectro de la cristiandad, han usado este verso para sostener que el bautismo es necesario para la salvación de una persona.

En el tema de la salvación, todas las formas de sacramentalismo (romanismo, luteranismo, Iglesias de Cristo, etc.) indefectiblemente dicen que la salvación (regeneración) llega al hombre a través del bautismo de agua. Cuando un pecador le pregunta a un sacramentalista ¿Qué debo hacer para ser salvo, i.e., ir al cielo? siempre le van a señalar hacia la fe en Cristo y al bautismo. Es decir, en lugar de dirigirlo hacia Dios y Jesucristo, lo primero que van a hacer es abrir la llave del agua del bautisterio o correr hacia la pila de agua bendita. Es aquí donde muestran su verdadera naturaleza.

El verso que nos ocupa en este artículo es el único en toda la Biblia que dice “el bautismo ahora nos salva”. ¿Es posible que Pedro contradiga aquí la enseñanza clara y masiva de la Biblia de que la salvación es por gracia solamente? Aun peor, ¿es posible que Pedro se contradiga dentro del mismo versículo? Nótese que luego de decir que “el bautismo ahora nos salva”, Pedro inmediatamente agrega que el bautismo no tiene valor salvífico alguno (“no quitando las inmundicias de la carne”).

De todas las normas hermenéuticas, el principio del contexto sigue siendo el príncipe indiscutido. Es el contexto el que decide cómo debemos interpretar las palabras del autor. ¿Qué queremos decir con “contexto”? Primero, hay un contexto literario en los párrafos inmediatos o en el capítulo del pasaje en cuestión. Estos deben ser leídos. Con sólo únicamente seguir este paso, se destruye el 90 % de los argumentos “bíblicos” de las sectas y los grupos aberrantes del cristianismo. Segundo, hay un contexto literario en todo el libro del cual el pasaje en cuestión forma parte. Tercero, existe un contexto de la analogía de la fe. Este determina que la interpretación válida de un texto nunca producirá una doctrina que es claramente condenada en el resto de la Biblia. Cuarto y último, existe un contexto histórico, cultural, religioso y lingüístico. Al examinar éste tendremos la ventaja de entender lo que una palabra o expresión significaba para el oyente o el lector en los tiempos bíblicos.

Vayamos ahora directamente al texto:

18 Porque también Cristo murió por los pecados una sola vez, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, muerto en la carne pero vivificado en el espíritu; 19 en el cual también fue y predicó a los espíritus encarcelados, 20 quienes en otro tiempo fueron desobedientes cuando la paciencia de Dios esperaba en los días de Noé, durante la construcción del arca, en la cual unos pocos, es decir, ocho personas, fueron salvadas a través del agua. 21 Y correspondiendo a esto, el bautismo ahora os salva (no quitando la suciedad de la carne, sino como una petición a Dios de una buena conciencia) mediante la resurrección de Jesucristo, 22 quien está a la diestra de Dios, habiendo subido al cielo después de que le habían sido sometidos ángeles, autoridades y potestades. (resaltados nuestros) (1 P. 3:18-22)

La traducción anterior es de la Biblia de las Américas. El verso 21 es una buena rendición del griego original: “Y correspondiente a esto, el bautismo ahora os salva”. La palabra clave aquí es antitupon. Significa “correspondiente”, “copia”, “algo semejante a otra cosa”, “correlacionado”, etc. La Nueva Versión Internacional traduce la palabra como “lo que simboliza”.

De lo anterior se desprende que el bautismo, según Pedro, es una representación, simbolismo, copia o tipo correspondiente a algo más. El bautismo aquí está siendo comparado o correspondido con algo. La pregunta sería ¿con qué? El contexto nos lo va a decir. La respuesta está en el versículo anterior (v. 20). ¿Qué fue lo que salvó a Noé y su familia? Obviamente fue el arca. Noé construyó el arca por fe y se salvó (He.11:7). El bautismo en este pasaje es sinónimo de fe.

Algo importante a tener en cuenta es que lo que salvó a Noé y su familia no fue el agua. Realmente ellos fueron salvados “del agua”. Es por ello que la Biblia de las Américas expresa correctamente que Noé y su familia fueron salvados “a través del agua”. El concepto sería que fueron preservados en medio de las aguas.

El agua fue el medio de destrucción que Dios usó para traer juicio a los pecadores (2 P. 2:5; 3:6), no el medio de salvación de Noé y los suyos. Desde el punto de vista práctico lo que salvó a esta familia bíblica fue el arca, y fue por fe que ellos entraron en el arca. Pretender decir que el agua del bautismo o el bautismo en sí es un medio de salvación, no es una noción que pueda ser lógicamente derivada del contexto.

Es adecuado, entonces, entender que Pedro compara o corresponde el bautismo cristiano con el arca. En el AT el arca es un tipo o prefigura de Cristo, y a una relación con Cristo sólo se entra por fe, de la misma manera que Noé entró al arca por fe. Esto armoniza con el resto de 1 Pedro 3:21, donde vemos que Pedro expresa que la resurrección de Cristo (y por inferencia el previo sacrificio) es lo que quita el pecado (“las inmundicias de la carne”). Así mismo Pedro afirma en el mismo verso que el bautismo es, como traduce la Nueva Versión Internacional, “el compromiso de tener una buena conciencia delante de Dios”. Se concluye que es el sacrifico de Cristo, en el cual nosotros depositamos fe, lo que nos salva.

La controversia sobre este pasaje seguirá hasta que Cristo vuelva, pero la verdad es que un estudio responsable de la Palabra de Dios jamás podrá llevarnos a la conclusión de que el bautismo salva. Son demasiados los pasajes bíblicos que enseñan que la justificación es por fe, mientras que no existe ninguno que diga que es “por fe y bautismo”.

El bautismo no tiene ningún valor salvífico pero sí tiene un gran valor cuando entendemos que es “el compromiso de tener una buena conciencia hacia Dios” (NVI). En otras palabras, al bautizarnos hacemos una promesa de lealtad y obediencia hacia Dios. El valor del bautismo adquiere dimensiones celestiales cuando comprendemos que es el símbolo de nuestra identificación con la resurrección de Jesucristo en nuestra salvación y “esta salvación es posible por la resurrección de Jesucristo” (NVI).

Muchas otras cosas se pueden decir para anular la posición de los sacramentalistas y las sectas en general, pero baste señalar que en la Biblia tenermos una clara instancia donde los creyentes son salvos antes de ser bautizados:

Mientras aún hablaba Pedro estas palabras, el Espíritu Santo cayó sobre todos los que oían el discurso. Y los fieles de la circuncisión que habían venido con Pedro se quedaron atónitos de que también sobre los gentiles se derramase el Espíritu Santo. Porque los oían que hablaban en lenguas, y que magnificaban a Dios. Entonces respondió Pedro: ¿puede acaso alguno impedir el agua, para que no sean bautizados estos que han recibido el Espíritu Santo también como nosotros? Y mandó bautizarles en el nombre del Señor Jesús. Entonces le rogaron que se quedase por algunos días.” (resaltados nuestros) (Hechos 10: 44-48)

Cuando consideramos los puntos siguientes, es claro que estas personas fueron salvas antes de bautizarse:

1. El Espíritu Santo estaba sobre ellos y hablaron en lenguas. El don de lenguas es uno de los tantos dones dados a los creyentes.

2. Además, “magnificaban a Dios” (adoraban). Sólo creyentes pueden hacer tal cosa, los inconversos no pueden. La adoración al verdadero Dios es un asunto profundamente espiritual, completamente ajeno al incrédulo (1 Co. 2:14). Por lo tanto, las personas en Hechos 10 fueron salvas antes de bautizarse. Este hecho no puede ser interpretado como una excepción.

Para finalizar, digamos que el bautismo, a pesar de no ser necesario para la salvación, es un paso obligatorio a ser dado por el creyente. Es un acto de obediencia y una ordenanza instituída por Jesucristo mismo (Mt.28:19). Aquel que profesa ser cristiano y aún rehusa bautizarse, quizá haga bien en examinarse y ver si su profesión de fe ha sido realmente genuina. <>

*Este Escrito ha sido Publicado en este blog con el Permiso del hermano Pablo Santomauro*


El Bautismo de Jesús y el inefable giro modalista

21 abril, 2008

El Bautismo de Jesús
y el inefable giro modalista

por Pablo Santomauro

Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él. Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia. (Mateo 3:16-17)

En este pasaje tenemos a Jesús en el agua, el Espíritu Santo descendiendo sobre él en forma de paloma, y la voz del Padre diciendo “Este es mi Hijo amado”. Más allá de que el pasaje es básicamente narrativo, el cristianismo histórico siempre ha señalado que el contexto describe a tres personas presentes simultáneamente, lo que constituye un esbozo de la Trinidad.

Los unicitarios (o modalistas) pretenden explicar el pasaje diciendo que tanto la paloma como la voz proveniente del cielo, fueron sólo manifestaciones del mismo Dios o del mismo Jesús por medio de su omnipresencia. David K. Bernard, de la UPC (Iglesia Pentecostal Unida) dice que para un Dios omnipresente no es ninguna dificultad manifestarse de varias maneras al mismo tiempo. La voz fue para beneficio del pueblo, indicando que Jesús comenzaba su ministerio, y la paloma, una señal para Juan el Bautista indicándole quién era el Mesías y simbolizando una especie de unción sobre Jesucristo [1].

Todo esto suena muy bonito, pero en realidad se parece a una película con efectos especiales, tanto visuales como de sonido, y en definitiva presenta a un Dios que recurre a métodos engañosos para comunicarse con su pueblo.

Habiendo dicho esto, corresponde especificar que los trinitarios no pensamos que Mateo 3:16-17 prueba por sí solo la doctrina de la Trinidad. Al contrario de los unicitarios, ningún trinitario basa sus creencias en la Trinidad en un solo versículo, sino más bien en la evidencia acumulativa presentada en toda la Escritura. Cuando Mateo 3:16-17 es considerado individualmente, presenta a tres personas actuando simultáneamente, y si bien por sí solo no constituye una prueba de la Trinidad, considerado en conjunto con otros pasajes, sí podemos decir tranquilamente que apoya la Trinidad. Al estudiar la Biblia sistemáticamente, podemos afirmar que las tres personas mencionadas en este pasaje – Padre, Hijo y Espíritu – son Dios, por lo tanto, existe una pluralidad en la esencia de la Deidad.

Como nota adicional, aprovechamos para lamentarnos junto con los amigos unicitarios: ¡Qué magnífica oportunidad dejó pasar el Espíritu Santo (o el Padre según los unicitarios) para enseñar la doctrina de la unicidad de Dios! La voz del cielo bien pudo haber dicho: “Ese que ustedes ven en el agua es mi Hijo amado, que en realidad soy yo manifestado en carne, y la paloma representa al Espíritu Santo, que también soy yo (el Padre)”. Dios podría haber hecho lo mismo en los otros pasajes donde habló desde los cielos (Mt. 17:5; Jn. 12:30), lo que hubiera evitado todo el problema que tenemos hoy entre unicitarios y trinitarios. Pero parece que Dios prefirió inspirar a Mateo para que estructurara el pasaje con un claro sesgo trinitario. ¿Nos dice algo eso? <>

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1. The Oneness of God, David Bernard, http://ourworld.compuserve.com/homepages/pentecostal/One-Ch8.htm

Esta breve perspectiva es un extracto del ensayo “Los Unicitarios y su Distorsión del Nuevo Testamento”, a ser publicado próximamente.

*Este Escrito ha sido Publicado en este blog con el Permiso del hermano Pablo Santomauro*


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