¿Salva el Bautismo?

15 mayo, 2008
Por Pablo Santomauro

“El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva …”

(1 Pedro 3:21)

Estas palabras de Pedro han sido motivo de serias controversias hasta el día de hoy. Tanto algunas sectas, así como sectores sacramentalistas dentro del espectro de la cristiandad, han usado este verso para sostener que el bautismo es necesario para la salvación de una persona.

En el tema de la salvación, todas las formas de sacramentalismo (romanismo, luteranismo, Iglesias de Cristo, etc.) indefectiblemente dicen que la salvación (regeneración) llega al hombre a través del bautismo de agua. Cuando un pecador le pregunta a un sacramentalista ¿Qué debo hacer para ser salvo, i.e., ir al cielo? siempre le van a señalar hacia la fe en Cristo y al bautismo. Es decir, en lugar de dirigirlo hacia Dios y Jesucristo, lo primero que van a hacer es abrir la llave del agua del bautisterio o correr hacia la pila de agua bendita. Es aquí donde muestran su verdadera naturaleza.

El verso que nos ocupa en este artículo es el único en toda la Biblia que dice “el bautismo ahora nos salva”. ¿Es posible que Pedro contradiga aquí la enseñanza clara y masiva de la Biblia de que la salvación es por gracia solamente? Aun peor, ¿es posible que Pedro se contradiga dentro del mismo versículo? Nótese que luego de decir que “el bautismo ahora nos salva”, Pedro inmediatamente agrega que el bautismo no tiene valor salvífico alguno (“no quitando las inmundicias de la carne”).

De todas las normas hermenéuticas, el principio del contexto sigue siendo el príncipe indiscutido. Es el contexto el que decide cómo debemos interpretar las palabras del autor. ¿Qué queremos decir con “contexto”? Primero, hay un contexto literario en los párrafos inmediatos o en el capítulo del pasaje en cuestión. Estos deben ser leídos. Con sólo únicamente seguir este paso, se destruye el 90 % de los argumentos “bíblicos” de las sectas y los grupos aberrantes del cristianismo. Segundo, hay un contexto literario en todo el libro del cual el pasaje en cuestión forma parte. Tercero, existe un contexto de la analogía de la fe. Este determina que la interpretación válida de un texto nunca producirá una doctrina que es claramente condenada en el resto de la Biblia. Cuarto y último, existe un contexto histórico, cultural, religioso y lingüístico. Al examinar éste tendremos la ventaja de entender lo que una palabra o expresión significaba para el oyente o el lector en los tiempos bíblicos.

Vayamos ahora directamente al texto:

18 Porque también Cristo murió por los pecados una sola vez, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, muerto en la carne pero vivificado en el espíritu; 19 en el cual también fue y predicó a los espíritus encarcelados, 20 quienes en otro tiempo fueron desobedientes cuando la paciencia de Dios esperaba en los días de Noé, durante la construcción del arca, en la cual unos pocos, es decir, ocho personas, fueron salvadas a través del agua. 21 Y correspondiendo a esto, el bautismo ahora os salva (no quitando la suciedad de la carne, sino como una petición a Dios de una buena conciencia) mediante la resurrección de Jesucristo, 22 quien está a la diestra de Dios, habiendo subido al cielo después de que le habían sido sometidos ángeles, autoridades y potestades. (resaltados nuestros) (1 P. 3:18-22)

La traducción anterior es de la Biblia de las Américas. El verso 21 es una buena rendición del griego original: “Y correspondiente a esto, el bautismo ahora os salva”. La palabra clave aquí es antitupon. Significa “correspondiente”, “copia”, “algo semejante a otra cosa”, “correlacionado”, etc. La Nueva Versión Internacional traduce la palabra como “lo que simboliza”.

De lo anterior se desprende que el bautismo, según Pedro, es una representación, simbolismo, copia o tipo correspondiente a algo más. El bautismo aquí está siendo comparado o correspondido con algo. La pregunta sería ¿con qué? El contexto nos lo va a decir. La respuesta está en el versículo anterior (v. 20). ¿Qué fue lo que salvó a Noé y su familia? Obviamente fue el arca. Noé construyó el arca por fe y se salvó (He.11:7). El bautismo en este pasaje es sinónimo de fe.

Algo importante a tener en cuenta es que lo que salvó a Noé y su familia no fue el agua. Realmente ellos fueron salvados “del agua”. Es por ello que la Biblia de las Américas expresa correctamente que Noé y su familia fueron salvados “a través del agua”. El concepto sería que fueron preservados en medio de las aguas.

El agua fue el medio de destrucción que Dios usó para traer juicio a los pecadores (2 P. 2:5; 3:6), no el medio de salvación de Noé y los suyos. Desde el punto de vista práctico lo que salvó a esta familia bíblica fue el arca, y fue por fe que ellos entraron en el arca. Pretender decir que el agua del bautismo o el bautismo en sí es un medio de salvación, no es una noción que pueda ser lógicamente derivada del contexto.

Es adecuado, entonces, entender que Pedro compara o corresponde el bautismo cristiano con el arca. En el AT el arca es un tipo o prefigura de Cristo, y a una relación con Cristo sólo se entra por fe, de la misma manera que Noé entró al arca por fe. Esto armoniza con el resto de 1 Pedro 3:21, donde vemos que Pedro expresa que la resurrección de Cristo (y por inferencia el previo sacrificio) es lo que quita el pecado (“las inmundicias de la carne”). Así mismo Pedro afirma en el mismo verso que el bautismo es, como traduce la Nueva Versión Internacional, “el compromiso de tener una buena conciencia delante de Dios”. Se concluye que es el sacrifico de Cristo, en el cual nosotros depositamos fe, lo que nos salva.

La controversia sobre este pasaje seguirá hasta que Cristo vuelva, pero la verdad es que un estudio responsable de la Palabra de Dios jamás podrá llevarnos a la conclusión de que el bautismo salva. Son demasiados los pasajes bíblicos que enseñan que la justificación es por fe, mientras que no existe ninguno que diga que es “por fe y bautismo”.

El bautismo no tiene ningún valor salvífico pero sí tiene un gran valor cuando entendemos que es “el compromiso de tener una buena conciencia hacia Dios” (NVI). En otras palabras, al bautizarnos hacemos una promesa de lealtad y obediencia hacia Dios. El valor del bautismo adquiere dimensiones celestiales cuando comprendemos que es el símbolo de nuestra identificación con la resurrección de Jesucristo en nuestra salvación y “esta salvación es posible por la resurrección de Jesucristo” (NVI).

Muchas otras cosas se pueden decir para anular la posición de los sacramentalistas y las sectas en general, pero baste señalar que en la Biblia tenermos una clara instancia donde los creyentes son salvos antes de ser bautizados:

Mientras aún hablaba Pedro estas palabras, el Espíritu Santo cayó sobre todos los que oían el discurso. Y los fieles de la circuncisión que habían venido con Pedro se quedaron atónitos de que también sobre los gentiles se derramase el Espíritu Santo. Porque los oían que hablaban en lenguas, y que magnificaban a Dios. Entonces respondió Pedro: ¿puede acaso alguno impedir el agua, para que no sean bautizados estos que han recibido el Espíritu Santo también como nosotros? Y mandó bautizarles en el nombre del Señor Jesús. Entonces le rogaron que se quedase por algunos días.” (resaltados nuestros) (Hechos 10: 44-48)

Cuando consideramos los puntos siguientes, es claro que estas personas fueron salvas antes de bautizarse:

1. El Espíritu Santo estaba sobre ellos y hablaron en lenguas. El don de lenguas es uno de los tantos dones dados a los creyentes.

2. Además, “magnificaban a Dios” (adoraban). Sólo creyentes pueden hacer tal cosa, los inconversos no pueden. La adoración al verdadero Dios es un asunto profundamente espiritual, completamente ajeno al incrédulo (1 Co. 2:14). Por lo tanto, las personas en Hechos 10 fueron salvas antes de bautizarse. Este hecho no puede ser interpretado como una excepción.

Para finalizar, digamos que el bautismo, a pesar de no ser necesario para la salvación, es un paso obligatorio a ser dado por el creyente. Es un acto de obediencia y una ordenanza instituída por Jesucristo mismo (Mt.28:19). Aquel que profesa ser cristiano y aún rehusa bautizarse, quizá haga bien en examinarse y ver si su profesión de fe ha sido realmente genuina. <>

*Este Escrito ha sido Publicado en este blog con el Permiso del hermano Pablo Santomauro*


Maldiciones Generacionales

5 mayo, 2008

Maldiciones Generacionales
Otra Falsa Doctrina

Por Pablo Santomauro

Poco a poco en el campo evangélico nos vamos acostumbrando a definir cosas inexistentes. ¿Cómo definir algo que no existe? Respuesta: De acuerdo a cómo lo han imaginado aquellos que dicen que sí existe. He aquí una definición básica: Una maldición generacional (ancestral o hereditaria) es un daño o perjuicio proferido sobre un individuo una o más generaciones anteriores y cuyo efecto es transmitido a sus descendientes a través del tiempo.  Siga leyendo pulsando aquí.

 


El Bautismo de Jesús y el inefable giro modalista

21 abril, 2008

El Bautismo de Jesús
y el inefable giro modalista

por Pablo Santomauro

Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él. Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia. (Mateo 3:16-17)

En este pasaje tenemos a Jesús en el agua, el Espíritu Santo descendiendo sobre él en forma de paloma, y la voz del Padre diciendo “Este es mi Hijo amado”. Más allá de que el pasaje es básicamente narrativo, el cristianismo histórico siempre ha señalado que el contexto describe a tres personas presentes simultáneamente, lo que constituye un esbozo de la Trinidad.

Los unicitarios (o modalistas) pretenden explicar el pasaje diciendo que tanto la paloma como la voz proveniente del cielo, fueron sólo manifestaciones del mismo Dios o del mismo Jesús por medio de su omnipresencia. David K. Bernard, de la UPC (Iglesia Pentecostal Unida) dice que para un Dios omnipresente no es ninguna dificultad manifestarse de varias maneras al mismo tiempo. La voz fue para beneficio del pueblo, indicando que Jesús comenzaba su ministerio, y la paloma, una señal para Juan el Bautista indicándole quién era el Mesías y simbolizando una especie de unción sobre Jesucristo [1].

Todo esto suena muy bonito, pero en realidad se parece a una película con efectos especiales, tanto visuales como de sonido, y en definitiva presenta a un Dios que recurre a métodos engañosos para comunicarse con su pueblo.

Habiendo dicho esto, corresponde especificar que los trinitarios no pensamos que Mateo 3:16-17 prueba por sí solo la doctrina de la Trinidad. Al contrario de los unicitarios, ningún trinitario basa sus creencias en la Trinidad en un solo versículo, sino más bien en la evidencia acumulativa presentada en toda la Escritura. Cuando Mateo 3:16-17 es considerado individualmente, presenta a tres personas actuando simultáneamente, y si bien por sí solo no constituye una prueba de la Trinidad, considerado en conjunto con otros pasajes, sí podemos decir tranquilamente que apoya la Trinidad. Al estudiar la Biblia sistemáticamente, podemos afirmar que las tres personas mencionadas en este pasaje – Padre, Hijo y Espíritu – son Dios, por lo tanto, existe una pluralidad en la esencia de la Deidad.

Como nota adicional, aprovechamos para lamentarnos junto con los amigos unicitarios: ¡Qué magnífica oportunidad dejó pasar el Espíritu Santo (o el Padre según los unicitarios) para enseñar la doctrina de la unicidad de Dios! La voz del cielo bien pudo haber dicho: “Ese que ustedes ven en el agua es mi Hijo amado, que en realidad soy yo manifestado en carne, y la paloma representa al Espíritu Santo, que también soy yo (el Padre)”. Dios podría haber hecho lo mismo en los otros pasajes donde habló desde los cielos (Mt. 17:5; Jn. 12:30), lo que hubiera evitado todo el problema que tenemos hoy entre unicitarios y trinitarios. Pero parece que Dios prefirió inspirar a Mateo para que estructurara el pasaje con un claro sesgo trinitario. ¿Nos dice algo eso? <>

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1. The Oneness of God, David Bernard, http://ourworld.compuserve.com/homepages/pentecostal/One-Ch8.htm

Esta breve perspectiva es un extracto del ensayo “Los Unicitarios y su Distorsión del Nuevo Testamento”, a ser publicado próximamente.

*Este Escrito ha sido Publicado en este blog con el Permiso del hermano Pablo Santomauro*


Demonios en los Cristianos

20 abril, 2008

Demonios en los Cristianos
Revisitando una aberración doctrinal que plaga el mundo evangélico

Por Pablo Santomauro

Ministerios enteros han sido establecidos partiendo de la teoría de que los demonios pueden habitar en los cristianos y afectar su conducta. La acción que supuestamente soluciona este problema según estos ministerios, es echar fuera los demonios, o sea, practicar un procedimiento llamado “liberación de demonios”. Para seguir leyendo, hacer click aquí.


‘Vivir juntos’ es un riesgo estadístico

28 marzo, 2008

*Este escrito ha sido publicado en este blog con el permiso escrito de Baptist Press*

Posted on Mar 28, 2008 | Michael Foust WASHINGTON (BP)–¿Vivir juntos antes de casarse aumenta las probabilidades de tener un matrimonio exitoso? La respuesta puede sorprender a algunos.

Entre el 50 y 60 por ciento de todos los matrimonios comienzan con la pareja en cohabitación y muchas de esas parejas sin duda creen que están haciendo algo sabio de entrada. Pero, de hecho, el vivir juntos antes de casarse aumenta las probabilidades de divorcio en el primer matrimonio — 67 por ciento de las parejas que cohabitaron terminan divorciadas, comparadas con el 45 por ciento para quienes se casan por primera vez [sin haber cohabitado].

Éste y otros hechos desmitificadores forman el eje de un nuevo libro escrito por Mike y Harriet McManus, “Living Together: Myths, Risks & Answers” (Howard Books) con un prólogo de Chuck Colson. Cofundadores de la organización Marriage Savers, esta pareja ha invertido la mayor parte de sus vidas en tratar de fortalecer matrimonios y disminuir la tasa de divorcio.

Las advertencias bíblicas en contra de la cohabitación, dice el libro, son apoyadas por las estadísticas que muestran que es una mala idea.

“Los hombres y las mujeres cohabitan por diferentes razones,” explica Mike McManus en una conferencia donde discutió el libro. “Las mujeres lo ven como un paso hacia el matrimonio. Piensan que pueden tener una audición para conseguir este trabajo. Los hombres lo hacen porque les gusta tener sexo a la mano y tener a alguien con quien compartir sus gastos de manutención. Las mujeres deberían seguir los consejos de sus madres — si le regalas la leche, no te va a comprar la vaca.”

La cantidad de parejas que cohabita se ha disparado en las últimas décadas, de ser 439,000 en 1960 a más de 5 millones hoy en día. Cerca del 10 por ciento de las parejas que se casaron entre 1965 y 1974 vivieron juntos antes de casarse. Hoy, ese número rebasa el 50 por ciento.

Las parejas que viven juntas no sólo tienen bastantes más probabilidades de divorciarse después de casarse, sino que cerca del 45 por ciento de ellos se separan antes de casarse, mostró el estudio. La cohabitación, explicó McManus, tiene una alta tasa de fracaso porque se basa en el egoísmo.

“‘Si me haces sentir amado, entonces puede ser que me case contigo. Si me haces feliz, entonces puede ser que me case contigo,’” comentó McManus. “El amor y el matrimonio son una inversión, y la cohabitación es una ruleta. La cohabitación es condicional; el matrimonio se basa en la permanencia. Estas son premisas psicológicas radicalmente diferentes. El amor verdadero es desinteresado — busca servir al otro. La cohabitación se basa en el egoísmo — ‘¿Cómo me satisfará esta relación’”

Añadió que ningún estudio ha mostrado que la cohabitación beneficia las relaciones.

Harriet McManus descontó la noción de que las parejas pueden pasar por un “matrimonio de prueba”

“[E]s más similar a un ensayo de divorcio,” dijo en una conferencia de prensa en Family Research Council. “La única cuestión es si te separas antes de la boda o después de la boda en un divorcio legal. Como lo dijo uno de nuestros amigos quien es un educador matrimonial, no puedes ensayar la permanencia. De cada 100 parejas que cohabitan, 85 se separan antes o después de la boda, dejando sólo 15 parejas en un matrimonio que dura 10 años, y quién sabe cuántos más se divorcia después de los 10 años.”

Las mujeres que cohabitan tienen más probabilidades de sufrir abuso y tener depresiones que las mujeres casadas, dicen los estudios citados por los McManus. Además, los hombres y las mujeres en un arreglo para vivir juntos tienen más posibilidades de ser infieles uno al otro. Pero quizás lo más preocupante es que las parejas que cohabitan tienen casi tantas probabilidades de tener hijos como las parejas casadas — lo que significa que esa relación fracasada tiene un impacto que va más allá de la pareja.

“Los hijos se sienten abandonados cuando uno de sus padres se va de la casa,” dijo Harriet McManus. “Eso causa un gran trauma en los niños, triplicando las posibilidades de que el niño sea expulsado de la escuela [comparado con] aquellos que crecen en una familia intacta.”

Las parejas que creen que pueden ahorrar dinero al cohabitar deben sopesar no sólo el mandamiento bíblico en contra de ello sino también las muy probables consecuencias negativas de su decisión, explicaron los McManus. En lugar de esto, tales parejas deberían buscan compañeros de vivienda de su mismo sexo para así ahorrar dinero, añadieron.

A menudo, las parejas cohabitan porque casi nunca han visto de cerca un matrimonio exitoso, explicó Mike McManus.

“La mayor razón debajo del disparado aumento de la cohabitación es que en esas parejas, uno o ambos crecieron en hogares divorciados o en un hogar donde los padres no estaban casados,” dijo. “Estas parejas jóvenes temen al matrimonio porque temen un divorcio.”

Las iglesias deberían de ser mentoras de las parejas comprometidas en matrimonio como parte de un medio para fortalecer las relaciones, detener la cohabitación y evitar los divorcios, creen los McManus. Las estadísticas les apoyan. De 288 parejas que tuvieron un mentor en su iglesia entre 1992 y 2000, sólo siete se divorciaron o separaron. Cincuenta y cinco de las parejas (19 por ciento) terminaron su relación antes de casarse.

“Ese porcentaje es enorme — 19 por ciento,” exclamó Mike McManus acerca de las separaciones. “Necesitas tener un proceso con un mentor que sea lo suficientemente riguroso para que las relaciones débiles se disuelvan por sí mismas o mejoren y se fortalezcan.”

La cohabitación, según cree Mike McManus, es un tema que los pastores eluden muy a menudo.

“Creo que si se predicaran sermones sobre este asunto y si las iglesias ofrecieran una alternativa — una mejor manera de examinar la relación — el país estaría en una mejor situación.”
–30–
Con reportaje de Katherine Kipp, una interna en el buró de Baptist Press en Washington.

http://www.bpnews.net/espanol/BPnews.asp?ID=27716

*Este escrito ha sido publicado en este blog con el permiso escrito de Baptist Press*


La Preexistencia del Hijo de Dios: Una refutación de la doctrina modalista basada en Juan 17:5

25 marzo, 2008

La Preexistencia del Hijo de Dios: Una refutación de la doctrina modalista basada en Juan 17:5

Por Pablo Santomauro

Los grupos unicitarios niegan la preexistencia de Cristo. Parte de la herejía modalista propone que “Hijo de Dios” es un título para identificar la humanidad de Jesucristo[1] – aunque cuando les conviene lo usan para describir a la humanidad y la deidad juntas en Jesucristo [2]. Este Hijo no es eterno, nació en un momento de la historia (de María)[3], y en el futuro dejará de cumplir su papel de Hijo [4].   Siga leyendo pulsando aquí.


El Ataque de la Teología de la Liberación a los Evangélicos

15 marzo, 2008

Un pequeño extracto tomado de Ministerios Iberoamérica, que ha publicado el artículo con permiso del autor.


El Ataque de la Teología de la Liberación a los Evangélicos


Por Pablo Santomauro


Una acusación clásica a los evangélicos conservadores por parte de los teólogos de la liberación y los promotores del evangelio social, es que no promovemos el reino de Dios y su implantación al estilo que ellos proponen, despreciamos la actividad humana y predicamos el estado pasivo. Se nos acusa, además, de enseñar resignación ante las injusticias sociales, y por ende, ser cómplices de la opresión del hombre por el hombre. Siga leyendo haciendo click aquí.


¿Llegando a ser uno con un árbol?

12 marzo, 2008

166143116_dsc_0079a11.jpgpastor Daniel Brito

No hay ninguna duda que estamos siendo testigos del crecimiento del paganismo en esta nación que fue fundada con principios cristianos. Eso nos muestra como esta nación se está alejando más de Dios.

Al igual que la fiesta pagana de Holloween que ensalza a falsos dioses, o a lo demoníaco, también lo es la cantidad de religiones orientales que están siendo aceptadas por muchos en esta nación.

Hace poco estuve leyendo un artículo de Chuck Colson, el fundador del programa de Radio Breakpoint. Colson hablaba de una empresa en Washington D.C. que ofrece servicios fúnebres de “cremación” por un costo total de $4,500.00. La urna donde ponen las cenizas es “biodegradable”. La urna es enterrada junto a un árbol, y con el tiempo se va a ir descomponiendo hasta llegar a ser una con el árbol, por ser biodegradable. El tema más bien sería: ser “uno” con el árbol, o llegar a ser parte del árbol.

Esto según Colson, es practicado en Canadá, Europa, y parte de Asia. Eso quiere decir que para muchos, será algún día algo común en los Estados Unidos.

Aunque esto no sea lo que la empresa esté ofreciendo, la idea de ser uno con un árbol es panteísmo, o sea la creencia que todas las cosas son dios, y dios está en todas las cosas.

En la historia del Cristianismo, vemos que los paganos quemaban a sus muertos, mientras que los cristianos veían eso como falta de esperanza en la vida después de la muerte. Para el Cristiano, hay una esperanza en la resurrección de los muertos. Algo que el apóstol Pablo recalca muy bien en el capítulo 15 de 1 Corintios que es conocido como el capítulo de la Resurrección.

Como cristianos entendemos bien que el cuerpo enterrado se corrompe y se convierte en polvo. Eso es lo que Dios le dijo a Adán cuando él y Eva desobedecieron al mandato de no comer la fruta prohibida. “…Porque polvo eres, y al polvo volverás” (Génesis 3:19). Pero el entierro de una persona siempre apunta a nuestra esperanza que un día resucitará de entre los muertos, siendo que nuestro SEÑOR JESÚS es primicias de los que resucitan, habiendo Él mismo Resucitado de entre los muertos.

Como menciona Colson, la Iglesia Ortodoxa prohíbe la cremación, con excepción de los desastres naturales, y las epidemias, mientras que la Iglesia Católica es más flexible en permitirlo, prohibiendo la cremación cuando el acto demuestra que niega la resurrección del cuerpo.

Pero la realidad es que el tema que estamos tratando no es sobre entierro o cremación. El tema es sobre el paganismo. El querer ser enterrado en una urna como puras cenizas al lado de un árbol para llegar a ser un día el mismo árbol, nos muestra que las ideas paganas están siendo aceptadas con más frecuencia de lo que uno se imagina.

Mientras nos acercamos a Semana Santa, como es ahora el caso, o sea Holloween, los padres cristianos debemos sentarnos y hablar con nuestros hijos(as) sobre la esperanza del creyente en
el más allá, y la razón por qué todo nuestro empeño debe ser dedicado al único y verdadero Dios que es el único que puede premiarnos con la vida eterna.

Por último, es el sacrificio en la Cruz por nuestro SEÑOR JESÚS la razón
por la cual esperamos esa Promesa de la Resurrección de los Muertos.
El paganismo entretiene amuchos con su sutileza, y gana a otros como adeptos.

Link del artículo de Chuck Colson en ingles: Be the tree

*Este artículo fue publicado por primera vez en 29 de octubre de 2007 en Ministerios Iberoamérica.*


Catolicismo: Esa Obscura Obsesión por María

9 marzo, 2008

Catolicismo:
Esa Obscura Obsesión por María

por Pablo Santomauro

¿Recuerda el lector la película “La Pasión”, de Mel Gibson? El propio Gibson expresó que para él fue una sorpresa el entusiasmo con que los evangélicos abrazaron su película, a pesar de su marcado sesgo Mariano (1). Aunque muchos evangélicos no estén de acuerdo, me atrevo a decir que para el ojo entrenado no fue ningún secreto que el film exaltara por demás el rol de María, algo que los católicos no pueden dejar de hacer por traerlo injertado en su teología. La persona que conoce la doctrina católica no pudo evitar luego de ver el film, la impresión de que teológicamente María “se robó la película”. Cristo, por supuesto, se llevó las lágrimas, las emociones, y el “impacto”, al decir de algunos, que por lo general se evaporaron con el rocío de la mañana siguiente.

El magnetismo de la “madre del galileo”, como un soldado la llama durante el film, se manifiesta en el embelezamiento de otro soldado al ver a María durante la escena del Via Crucis. La cámara se detiene por varios segundos en el rostro hipnotizado del soldado mientras observa a María, totalmente absorto, ajeno a todo lo que ocurre alrededor suyo y desatendiendo sus tareas como parte de la escolta que acompaña la cruz. Este mismo soldado es el que estando de guardia frente a la cruz, cuando ve a María y a Juan acercarse, se hace a un lado para dejarlos pasar. La forma robotizada en que lo hace da a entender, desde el punto de vista artístico, que él no puede resistir la presencia de María, o que al menos experimenta una devoción por ella en estado embrionario.

La Pasión de María

La película mostraba también a María en absoluto conocimiento de lo que estaba pasando desde el momento del arresto de Jesús, i.e., del plan de Dios para la redención del hombre. Las palabras de María al comienzo de los sufrimientos de Cristo, fueron: “It has begun, so be it” (“Ha comenzado, que así sea”). María, en la película, tiene la facultad de sentir literalmente los dolores de Cristo, algo que realmente raya en la dimensión del misticismo ocúltico. Esto, sin embargo, armoniza perfectamente con la teología católica:

“La Bienaventurada Virgen avanzó en la peregrinación de la fe y mantuvo fielmente la unión con su Hijo hasta la cruz. Allí, por voluntad de Dios, estuvo de pie, sufrió intensamente con su Hijo y se unió a su sacrificio con corazón de madre que, llena de amor, daba consentimiento a la inmolación de su Hijo como víctima”. (2)

La doctrina católica presenta a María no sólo en conocimiento de todo el plan de salvación y al borde de la muerte durante los sufrimientos de Cristo, sino también unida con Cristo al punto de ser copartícipe de la salvación:

“María sufrió … y casi murió con su sufriente Hijo; por la salvación de la humanidad ella renunció a sus derechos de madre y, en cuanto de ella dependió, ofreció a su Hijo para aplacar la justicia divina. Se puede bien decir que ella, con Cristo, redimieron a la humanidad.” (3)

El espacio asignado para este artículo no nos permite expandir en la doctrina mariana de la Iglesia Católica. Suficiente es decir que María, según Roma, es co-redentora [494, 963-973], sin pecado [491], virgen perpetua [499], su cuerpo fue elevado al cielo luego de su muerte sin sufrir corrupción [966,974], y es Mediatriz de Toda Gracia [968-971, 975, 2673-2682] [Citas del Catecismo de la Iglesia Católica].

Es de conocimiento público que el Papa Juan Pablo era un ardiente devoto de María. Cuando fue ordenado Obispo Auxiliar de Krakow en 1958, escogió para su escudo de armas una cruz con la inicial “M” al pie, en honor a María. El lema adoptado por Juan Pablo fue Totus Tuus, lo que significa con referencia a María, “Totalmente tuyo”. (4)

Esta fue la evidencia de la completa consagración a María por parte del fallecido Papa. En mayo 13 de 1981, mientras su vehículo se dirigía hacia una ambulancia cercana, luego de haber sido herido por el sicópata-terrorista Ali Agca, Juan Pablo repetía el siguiente ruego: “¡María, mi madre! ¡María, mi madre!” (5)

La doctrina de la maternidad universal de María está presente en “La Pasión”, en las escenas donde los apóstoles le llaman “madre”. No sólo los apóstoles lo hacen. Cuando Cristo, camino al Calvario, cae bajo el peso de la cruz, María se le acerca para darle aliento. Cristo, levántandose con gran esfuerzo, pronuncia estas palabras: “Behold, mother, I make all things new” (“Contempla, madre, hago nuevas todas las cosas”).

Consultando con Jesucristo

Contrariamente a la exaltación de María por parte de Roma, nuestro Señor Jesucristo restó importancia a su relación con ella. De acuerdo con el registro escritural, Jesús nunca se dirigió o refirió a su madre con una de las palabras más tiernas y hermosas de cualquier lenguaje, “madre”. Esto es aun más desconcertante si tenemos en cuenta que en la tradición judía los padres eran exaltados por las obras de los hijos (1 S. 17:55-58). Un ejemplo claro lo encontramos en Lucas 11:27, donde una mujer, reconociendo la grandeza sublime del Señor, expresa: “Bienaventurado el vientre que te trajo, y los senos que mamaste”. Contrario a la costumbre, el Señor reprende a la mujer por enfocar la atención sobre María y su rol de madre: “Antes bienaventurados los que oyen la Palabra de Dios, y la guardan”.

Al acabarse el vino durante las bodas en Caná de Galilea (Jn. 2:1s), María recurre a su Hijo esperando de él alguna solución al respecto. “No tienen vino”, fue todo lo que María dijo. No hubo ningún pedido, pero Cristo supo que era una solicitud, y en voz baja (casi seguro) le dijo: “¿Que tienes conmigo, mujer? Aún no ha venido mi hora”. “Mujer” es un título de respeto; no fue usado por Cristo en forma despreciativa. Prueba de ello es que Cristo usa la misma palabra para dirigirse a María desde la cruz (Jn. 19:26,27), cuando encarga a Juan el cuidado de su madre (Mt. 13: 55,56). El punto es que Jesucristo, con regularidad, evitó llamar “madre” a María en público, aunque es probable que lo haya hecho en privado durante los años de su crecimiento.

En Marcos 3: 31-35, tenemos la historia donde la madre de Jesús y sus hermanos vienen a buscarle y aparentemente no podían ni acercársele debido a la multitud. Cuando alguien le notifica la presencia de su familia, Jesucristo no vaciló en preguntar delante de la multitud: “¿Quién es mi madre y mis hermanos?” Acto seguido, a los efectos de dejar el punto bien claro, mirando a los que estaban a su alrededor, expresó: “He aquí mi madre y mis hermanos. Porque todo aquel que hace la voluntad de Dios, ése es mi hermano, y mi hermana, y mi madre”. Este pasaje, por sí solo, debería ser suficiente para convencer a muchos que depender de María para obtener salvación no es una opción muy inteligente.

Pertinente al concepto equivocado que presenta la película sobre María estando en conocimiento del plan de redención y los acontecimientos alrededor de ella, la Palabra de Dios nos muestra que en realidad María poseía un concepto muy opaco, y fue ignorante en muchos aspectos, acerca de la misión y el ministerio de su Hijo.

El mismo capítulo 3 de Marcos nos aclara la razón por la cual María y sus otros hijos vinieron a buscar a Jesús: “Y se agolpó de nuevo la gente … Cuando lo oyeron los suyos, vinieron a prenderle; porque decían: Está fuera de sí” (Mr. 3: 20-21). ¡María pensaba que Jesús había perdido la razón!

¡Vaya profundidad espiritual y entendimiento de las cosas de Dios por parte de María! Es evidente que la ignorancia de María respecto a las cosas del evangelio antes de la resurrección de Cristo, estaba a la par con la misma ignorancia de sus discípulos. Una vez más, la Biblia humilla la posición católica, la cual enseña que María fue “exaltada por sobre los ángeles y los hombres a un lugar sólo segundo después de su Hijo como la santa madre de Dios: “[ella]estuvo involucrada en los misterios de Cristo …” (6) (resaltado nuestro)

El Salmo 69, mesiánico por excelencia, expresa: “El escarnio ha quebrantado mi corazón, y estoy acongojado. Esperé quien se compadeciese de mí, y no lo hubo; Y consoladores, y ninguno hallé” (Sal. 69:20). Aparentemente, ni María ni ninguno de los otros al pie de la cruz tuvo conciencia de que delante de ellos se encontraba el Hijo de Dios sufriendo por los pecados del mundo.

La María católica: Una María diferente

Contrariamente a lo que enseña la Biblia, la Iglesia Católica enseña a sus fieles a que oren a María, porque ella puede persuadir a Dios para conceder peticiones que de otra forma Dios no daría: “… oraciones [que de otra forma no serían bien recibidas] … serán aceptadas por Dios cuando son recomendadas a él por la Santísima Madre y oídas favorablemente”. (7)

La Iglesia Católica presenta a María como una madre de corazón tierno que nunca rehúsa ningún pedido, especialmente a los que recurren a ella por medio del Santo Rosario (8). En contraste con María, Dios es presentado como un tanto frío y un benefactor vacilante, al cual debemos acercarnos por medio de María (9). De este modo, en una mueca cruel de la mentira, la teología católica conlleva en sí una variante del complejo de Edipo, matando la soberanía del Padre y revistiendo de deidad a María.

La María del catolicismo Romano no es la María de la Biblia. La Escritura es totalmente silenciosa respecto a una mujer concebida sin pecado, perfectamente impecable (10), perpetuamente virgen (11), ascendida a los cielos (12), llamada Madre de Dios, co-redentora (13), Reina del Universo o Mediatriz de Toda Gracia (14).

A pesar de lo anterior, respetando la Tradición y la razón humana por encima de la Sagrada Escritura, la Iglesia Católica, infatuada y decidida a exaltar a María, ha distorsionado la verdad simple y directa de la Biblia, ha ocultado y pervertido el evangelio, y ha convertido a sus seguidores en seres supersticiosos, víctimas de la apariciones místicas y tenebrosas de un espíritu que se identifica con el nombre de María. En estas apariciones, reales o fraudulentas, este espíritu ha aconsejado a los católicos al arrepentimiento, a hacer penitencia, y a rezar el Rosario por la conversión de los pecadores y la paz del mundo. También le ha pedido a los fieles que practiquen más devoción por María.

Estas apariciones han impedido a los católicos venir a Cristo, y sólo a El, por la salvación de sus almas. Bien podemos juzgar estas apariciones por sus frutos, y estos definitivamente no son de Dios.

Idolatría en la doctrina católica

“Oh Virgen santísima, nadie abunda en el conocimiento de Dios excepto por tí; nadie, Oh madre de Dios, obtiene salvación excepto por tí; nadie recibe un don del trono de misericordia excepto por tí”. (15)

La oración del Papa Leo XIII sería de una precisión teológica admirable si él se hubiera referido a Jesucristo en lugar de María. Sólo por medio de Jesucristo podemos conocer a Dios (Jn. 1:18), obtener salvación (Jn. 14:6), y recibir misericordia ante el trono de la gracia (He. 4: 14-16). Efesios 2:18 establece que “por medio de él (Jesucristo) los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre”. Esta es la fórmula bíblica para acercarse a Dios: por medio del Hijo, en el Espíritu, al Padre. Jesucristo mismo enseñó a orar directamente al Padre, en el nombre del Hijo (Jn. 16: 26,27). Por consiguiente, los cristianos bíblicos oran en el nombre de Jesús, no en el de María (Jn. 14: 13,14).

La doctrina católica ha robado de la gloria de Dios, y como consecuencia tenemos millones de católicos profesando más devoción a María que a Jesucristo. ¿Es responsable la iglesia de Roma de conducir a sus seguidores a la idolatría y arriesgar de esa forma el destino eterno de millones? Para poder contestar esta pregunta, primero tenemos que definir el significado de idolatría. En los diez mandamientos, Dios dijo:

“Yo soy Jehová tu Dios ….. NO tendrás dioses ajenos delante de mí. NO te harás imagen, ni ninguna semejanza …. NO te inclinarás a ellas, ni las honrarás, porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso …” (Exodo 20: 2-5 – subrayado mayúsculas nuestros).

Si estos mandamientos se entienden simplemente como prohibiendo la adoración de otros dioses por encima de Dios, nadie podría acusar a la Iglesia de Roma de promocionar la idolatría. La Iglesia Católica enseña que María es, en realidad, un ser creado. Al mismo tiempo enseña que el rol de María en la salvación es secundario al de Cristo. La ruta de escape de los teólogos católicos consiste en decir que María merece una devoción que es de un grado inferior al grado de adoración reservado para Dios. Los teólogos católicos han creado su propia escala de veneración o devoción (16).

En el pasaje de Exodo hemos subrayado “delante de mí” precisamente para señalar que Dios no deja lugar para la existencia de una tabla de grados, sino que dice literalmente, “no tendrás dioses delante de mi rostro”. Dios, como un Dios celoso que es, exige devoción y lealtad indivisible. Su pueblo no debe tener otros dioses “sumados a El” (17).

Es en este punto donde la devoción de los católicorromanos hacia María cruza la línea y entra en el territorio de la idolatría. Cuando los desorientados católicos se arrodillan delante de una estatua de María, le besan los pies, y le ofrecen la alabanza y la petición desde su corazón, le están dando a la criatura la devoción que sólo se le debe a Dios, y a nadie más que Dios. No importa en absoluto que la Iglesia Católica defina esa devoción y honra como algo secundario o de menor grado que la adoración a Dios. Dios no acepta otros dioses delante de El, no importa cuán inferiores sean.

Sumado a esto, es imposible que el católico promedio, y aún el informado, pueda establecer en su corazón qué tipo de adoración está rindiendo. No existen en el corazón del ser humano diferentes sensores que puedan registrar y provocar estados de adoración diferente. El católico promedio no tiene la menor idea de los grados de devoción reconocidos por su iglesia, ni tampoco está en su poder hacer la distinción cuando se arrodilla frente a María o un santo de los tantos. En consecuencia, cae en la idolatría debido a su ignorancia. Esta ignorancia no le podrá servir de excusa delante de Dios. Los maestros de la Iglesia Católica se encuentran aún en mayor peligro frente a Dios, ya que María, tal cual es definida por Roma, es virtualmente indistinguible del Hijo de Dios en excelencia, poder y logros. La tenue diferencia está, según la Iglesia Católica, en los “grados”.

La respuesta a la pregunta ¿Es responsable la Iglesia Católica de conducir a sus fieles al terreno de la idolatría? es definitivamente, sí. La idolatría se practica endémicamente dentro de la iglesia de Roma. La mayoría de los católicos, al adorar estatuas y reliquias de María y los santos, son culpables de idolatría. No interesa que un teólogo use diferentes palabras del idioma latín para defender la costumbre. El católico promedio no conoce ni le interesan las distinciones tan sofisticadas. Cuando besan y adoran las estatuas de la virgen María o los santos, lo hacen tan sincera y fervientemente como los hindúes con sus dioses y diosas.

Notas:

1. Christianity Today – Entrevista de David Neff a Mel Gibson, publicada Febrero 20, 2004 —- www.christianitytoday.com/movies/commentaries/ passion-melmarymothers.html

2. Concilio Vaticano Segundo, “Constitución Dogmática de la Iglesia”, no. 58 — C.I.C. 964

3. Papa Benedicto XV, Inter Sodalicia. Ver también Papa Pío XII, Ad Colei Reginam y Concilio Vaticano Segundo, “Constitución Dogmática de la Iglesia”, no. 56 — C.I.C. 973

4. El lema Totus Tuus viene de una oración en latín por San Luis de Montfort (1673-1716); Tuus totus ego sum, et omnia mea tua sunt, O Virgo super omnia benedicta, significando: “Yo soy enteramente tuyo, y todo lo que poseo es tuyo, Virgen Bienaventurada sobre todo” (Arthur burton Calkins, Totus Tuus [Libertyville, IL: Academy of the Immaculate, 1992], p. 27) ———- Cit. The Gospel According to Rome, James G. MacCarthy, (Harvest House Publishers, Eugene, Oregon, 1995) p. 182

5. De una entrevista con Monseñor Stanislaus, conducida por Andre Frossard, Be Not Afraid! (New York: St. Martin Press, 1982), p. 226. —— Cit. The Gospel According to Rome, James G. MacCarthy, (Harvest House Publishers, Eugene, Oregon, 1995) p. 183

6. Concilio Vaticano Segundo, “Constitución Dogmática de la Iglesia”, no. 66 — C.I.C. 971, 2676-2679, 2682.

7. Papa Leo XIII, Octobri Mense.

8. “Santo Domingo sabía que … ella [María] es por naturaleza tan buena y tan misericordiosa que, inclinada a ayudar espontáneamente a los que sufren, es absolutamente incapaz de rehusar ayuda a los que la invocan … especialmente a los recurren a ella por medio del Santo Rosario.” — Papa Benedicto XV, Fausto Appetente Die.

9. “Tenemos la esperanza cierta de que Dios, será en ultima instancia, movido y tendrá piedad sobre el estado de su Iglesia, a prestar oído a las oraciones que llegan a él a través de ella [María], a la que él a escogido para ser la dispensadora de todas las gracias celestiales.” — Papa Leo, Superiore Anno.

10. Catecismo de la Iglesia Católica: 411, 490-493, 508

11. Ibid.: 484-489, 495-511.

12. Ibid.: 966, 974.

13. Ibid.: 494, 963 – 973.

14. Ibid.: 968-971, 975, 2673-2682.

15. Papa Leo XIII, Adiutricem Populi.

16. La Iglesia Católica reconoce tres grados de devoción: 1) Latria, la forma más alta de adoración, reservada para Dios solamente. 2) Hiperdulia, un escalón por debajo de Latria. Es la forma más alta de veneración que se le puede ofrecer a un ser creado. María solamente merece esta clase de honra.
3) Dulia, veneración simple. Este grado de honra se debe dar a los santos y a los ángeles.

17. Traducción del hebreo “delante de mí” (Exodo 20:3), por C.F. Keil y F. Delitzsch, Commentary on the Old Testament (Grand Rapids: Eerdmans, reimpreso 1985), El pentateuco, tomo 2, p. 114.
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*Este artículo ha sido publicado en este blog con el permiso de Pablo Santomauro*



Examinando Algunos Clichés Evangélicos

9 marzo, 2008

por Pablo Santomauro

Introducción
Debido a que los evangélicos tenemos la saludable premura de ganar almas para Cristo siempre estamos tratando de crear frases ingeniosas o clichés que produzcan el impacto de convicción necesario en el incrédulo y lo atraigan al evangelio de Cristo. Del mismo modo, guiados por el amor a los que se pierden y temiendo que estos puedan ofenderse con la predicación del evangelio, tratamos de ser lo más diplomáticos posible. En la empresa, sin querer podemos llegar a omnubilar el mensaje manejando conceptos que si bien contienen verdades en su fibra medular, pueden tener un efecto negativo en la vida del convertido a posteriori. En muchos casos hasta llegan a contradecir la enseñanza bíblica, enseñando algo que simplemente no es verdad. A continuación elaboramos en algunos clichés evangélicos con la finalidad de analizarlos honestamente y sopesar su fidelidad a la verdad.

El Cristianismo no es una religión, es una relación.

¿Qué es una religión? Por definición, una religión es una cosmovisión que nos comunica lo que debemos creer y cómo debemos vivir. Está compuesta de ideas, i.e. doctrinas, y valores morales. Una religión requiere que aceptemos ciertos conceptos e ideas como la Verdadera explicación de todo lo que es. La aceptación intelectual de esos conceptos e ideas como la Verdad, es lo que se define como “fe.” Además de esto, una religión requiere que sigamos una lista de mandamientos, prohibiciones, y rituales.

La pregunta que yo siempre hago a los cristianos es: ¿Es el cristianismo una religión? Por lo general, mis hermanos vacilan en contestar. ¿Por qué? Porque muchos vienen escuchando por mucho tiempo el cliché: “El cristianismo no es una religión, es una relación.” Esto es repetido constantemente por algunos predicadores, pero no es una frase adecuada.

Yo entiendo que la intención es buena. Ellos quieren transmitir que la salvación de los humanos no es algo que se logra con buenas obras o cumpliendo ciertos ritos. Esto enseñan las religiones del mundo, pero el verdadero cristianismo enseña que la salvación sólo viene por gracia solamente. No importa cuántas cosas buenas usted haga, eso no le gana el cielo. Es sólo la fe en Jesucristo la que cuenta, i.e., una relación con Dios.

Es por ello que los predicadores cristianos quieren desprenderse o alejarse del concepto de “religión”, por la connotación negativa que acarrea el término. De este modo, surgió alguien con una solución, o sea, decir que el cristianismo no es una religión, sino una relación. Como “religión” y “relación” riman, el eslogan se hizo popular rápidamente.

Pero estamos frente a un error, el cristianismo sí es una religión. La diferencia con las demás religiones consiste en que es la verdadera religión. Esta verdadera religión implica una relación con Dios. Entonces, a lo sumo podríamos decir que el cristianismo es ambas, una religión y una relación.

Algo similar sucede cuando algunos dicen que el cristianismo no es una lista de cosas “qué hacer y qué no hacer”, o sea, una listas de “sís” y “nós.” La intención aquí es que la gente entienda que la salvación es por gracia solamente, y que no se puede ganar haciendo o no haciendo esto y lo otro (lo cual es correcto).

El problema es que el cliché puede transmitir la idea de que el cristiano goza de cierta flexibilidad moral extrema, algo que es erróneo.

No existe tal cosa como cristianismo sin una lista de ‘sís” y de “nós.” Usted no puede ni siquiera conducir un automóvil, o vivir en familia, o trabajar en una oficina sin una lista de “sís” y de “nós.” Todo lo que hay que hacer para ver si hay cosas que debemos de hacer y no debemos de hacer, es abrir la Biblia. Frases como, “Pero fornicación y toda inmundicia, o avaricia, ni aun se nombre entre vosotros”, “huid de la idolatría”, “No dejéis de congregaros”, “haced bien a todos”, etc., deberían ser suficiente para que nosotros pongamos el eslogan en nuestra propia lista de cosas que debemos evitar cuando estemos predicando o enseñando.

Dios le ama y tiene un maravilloso plan para su vida.

¿Recuerda el lector las cuatro leyes espirituales de Campus Crusade for Christ? En las cuatro se menciona el amor de Dios y el plan de Dios para la vida del pecador. Hoy en día aun escuchamos en muchos sermones evangelísticos, o sea, predicaciones dirigidas al no creyente, el conocido “Dios le ama y tiene un plan para su vida.” El mismo mensaje se presenta desde la mayoría de los púlpitos evangélicos, poniendo énfasis en una relación personal con Dios.

Hoy acabo de repasar las cuatro leyes espirituales una por una, con los versículos que se dan apoyando cada una de ellas. He notado que en ninguna de ellas se menciona directamente la necesidad de arrepentimiento por parte del pecador. El énfasis mayor en todo el plan de las cuatro leyes es “recibir a Cristo” en “su vida.” Es cierto que el plan hace repetida mención de que somos pecadores, que nuestros pecados nos separan de Dios y de que Cristo murió por nuestros pecados. Alguien con conocimiento bíblico puede argumentar que el arrepentimiento está implícito en las afirmaciones previas, con lo cual concuerdo. Pero, ¿puede el no creyente deducir la necesidad de arrepentimiento al escucharlas?

Otra pregunta: ¿Es bíblico predicar el amor de Dios a los no creyentes sin mencionar el arrepentimiento? O simplemente: ¿Es bíblico procurar ganar almas para Cristo promoviendo una relación personal con El? ¿Es bíblico esperar convertir al no creyente con la promesa de que Dios tiene un plan para su vida?

Cuando vamos a los tiempos de la Iglesia Primitiva, ¿muestra el registro del libro de Hechos la noción de que el foco central del cristianismo es una relación de amor con Dios y el mejoramiento de nuestra vida personal?

Yo no pude encontrar eso en el libro de Hechos. Ni en la predicación de Pedro en Pentecostés, ni en la predicación de Pedro a la puerta de la Hermosa, ni en sus palabras delante del sumo sacerdote, ni en su segunda defensa ante el Concilio. Ni en la defensa de Esteban frente al Concilio, ni en el mensaje de Pedro a la casa de Cornelio, ni en el mensaje de Pablo a los judíos en la sinagoga de Pisidia, ni en el discurso de Pablo en Atenas, o su defensa en Jerusalén, o su presentación frente al Sanhedrín, la defensa frente a Félix y Drusila, y finalmente frente a Agripa.

No hay una sola mención del amor de Dios, de que Dios tiene un plan para su vida, de que debemos tener un relación con Cristo o una tierna relación con Dios. El amor brilla por su ausencia. El énfasis está en la necesidad del perdón de pecados, en que Cristo puede perdonar, o en su defecto, puede traer juicio sobre los no arrepentidos.

¡Qué extraño! El amor de Dios no es mencionado ni una sola vez en todo el libro de Hechos. ¿Será esto una cosa a tomarse en cuenta cuando predicamos el evangelio? ¿No será una indicación de que cuando predicamos para el incrédulo y tratamos de seducirlo con una relación personal y el amor de Dios estamos equivocando el camino?

Por supuesto que las Escrituras, y en especial las epístolas en el Nuevo Testamento, destacan el amor de Dios en forma abundante, pero parecería que en todas las instancias en que se menciona el amor de Dios y una relación personal con El, el contexto indica que el mensaje es para los que ya están en Cristo.

Por último, digamos que si usted le predica a los inconversos poniendo el énfasis en que Dios tiene un plan para su vida, procure que la persona no conozca lo que le sucedió a Esteban, a Jacobo, o más adelante a Pablo y los demás apóstoles. Puede que no responda muy bien al llamado a entregarse a Cristo al final de su sermón.

La salvación en los últimos momentos de vida.

Cuando un incrédulo muere sin exhibir muestras de haber aceptado a Cristo como Señor y Salvador, es lógico lamentarse porque su alma se perdió. Algunos hermanos consideran que es posible que en su lecho de muerte, en los últimos segundos, la persona pudo haberse arrepentido y salvarse. Esto de la salvación en el último minuto, o la salvación del estribo, o para hablar en términos futbolísticos, salvación en los descuentos, se ha convertido en un cliché muy popular. Proviene mayormente de nuestros hermanos en Cristo inclinados hacia el misticismo, y por lo general incluye la participación de Cristo o un ángel apareciendo al moribundo en los últimos instantes de su vida.

Por cierto que si el evangelio es presentado a la persona en su lecho de muerte y ésta recibe a Cristo, la persona será salva. Pero el mensajero del evangelio debe ser un persona humana. Dios ha dispuesto que el evangelio sea transmitido por seres humanos, así que la idea de que un ángel en los últimos segundos haya presentado la verdad al pecador,o Jesús se le haya aparecido, es absurda.

Quiero recalcar el concepto. Los inconversos deben indefectiblemente escuchar o leer acerca del Señor Jesucristo por medio del hombre como instrumento para poder ser salvo. El evangelio no viene a nosotros por medio de los ángeles, de visiones o sueños. Es por ello que yo soy escéptico respecto a las historias que vienen desde el mundo islámico, donde aun misioneros cristianos relatan que Jesús se le ha aparecido, ya sea en visión o en sueños, a musulmanes que se convirtieron luego de ello.

Dios ha designado a la Iglesia el privilegio y la responsabilidad de diseminar el evangelio (Mt. 28: 19-20; Mr. 16:15; Ro. 10: 13-17). Se entiende, por tanto, que Dios siempre enviará el evangelio a los que han sido ordenados para vida eterna por medio de un instrumento humano. Ejemplos de esto fueron Cornelio y el eunuco, en el Nuevo Testamento.

¿Es posible la salvación en el último minuto de vida? ¡Por supuesto que sí! Pero sólo si un humano le presenta el evangelio en ese momento, o en su defecto, el inconverso moribundo clama a Cristo en arrepentimiento y en fe, basado en el evangelio que alguna vez escuchó o leyó durante el transcurso de su vida.

Cristo es la Respuesta.

Si la pregunta es, “Cómo puedo ser perdonado por mis pecados”, o “Cómo puedo ser salvo y tener vida eterna”, ¡por supuesto que la respuesta es Cristo! Si la pregunta del pecador es cómo puede confrontar problemas y tribulaciones en su vida, también es cierto que venir a Cristo es la respuesta. Pero venir a Cristo en arrepentimiento y en fe no siempre significa que los problemas van a desaparecer. En algunos casos permanecen y para siempre, y en otros se tornan peor. Cristo es la respuesta en el sentido de que él nos dará la fuerza y la gracia necesaria para sobrellevarlos, al mismo tiempo que va moldeando nuestro carácter cristiano y hace que todas las cosas ayuden a bien para los que aman a Dios.

Es crucial que cuando usemos el cliché, que es perfectamente válido, sepamos definirlo y cualificarlo. En una sociedad materialista formada por individuos consumidos con una obsesiva preocupación por ellos mismos, debemos tener mucho cuidado con ofrecer soluciones a corto plazo. Esta tendencia se ha introducido en medios evangélicos. Yo estoy tentado a escribir un libro titulado “Si Dios me Ama, ¿por qué mi auto no arrancó esta mañana?” Estoy seguro que mis problemas económicos se desvanecerían.

Digo esto porque en la iglesia de hoy hemos hecho nuestra prioridad absoluta el no sufrir más, ese es nuestro objetivo en nuestra vida cristiana. Lo siento, pero tengo que decirles que Dios nunca ha prometido una liberación temporal del sufrimiento. Por el contrario, Dios nos habla en prácticamente cada página de la Escritura para que nos preparemos para sufrir.

Yo sé que se oye duro, esto lo último que queremos escuchar, pero el Evangelio no borra nuestro dolor presente, ni lo maquilla, ni lo extirpa como quien hace cirugía. En lugar de ello, el evangelio nos señala o apunta hacia otras realidades. Otras realidades que son infinitamente más hermosas que la solución a nuestros problemas, y nos da poder para ejercitar un nuevo tipo de obediencia aun en medio del sufrimiento.

La Biblia no es un manual con las instrucciones de como no sufrir, sino que nos enseña a vivir en medio del sufrimiento. Si nosotros como maestros enseñáramos algo diferente, como “entreguen su vida a Cristo y vean como todo se soluciona”, “Busquen a Cristo y verán como su sufrimiento desaparece”, estaríamos comprometiendo seriamente el evangelio.

Cuando los pastores hablan de que Jesucristo y la Palabra de Dios tienen el poder para transformar sus vidas, no se refieren a un proceso mágico por el cual todos sus problemas se van a solucionar, sino que se refieren a la transformación de la persona que resulta en la formación del carácter cristiano que Dios quiere desarrollar en nosotros.

Ahora bien, muchos cristianos nuevos pronto se desilusionan respecto a la nueva vida en Cristo debido a que se les dijo que “Cristo es la Respuesta”, en el sentido que desde el momento que recibimos a Jesucristo como nuestro Salvador personal, nuestra vida va a ser un plato de fresas con crema y todo se va a solucionar.

Uno de los peligros de la promesa “Dios le ama y tiene un plan para su vida” no es que no sea cierta. Son los detalles del plan los que pueden complicar las expectativas del recién convertido. Desde la perspectiva netamente humana, no existe en la Biblia ninguna historia que termine con el consabido “y vivieron felices para siempre.” Lo cierto es que en la vida del cristiano habrá luchas internas, pruebas, tentaciones y tribulaciones. Es por ello que es esencial que el cristiano tenga un entendimiento claro de lo que es su vida en esta nueva etapa, y se le prepare de modo que la pueda vivir con la certidumbre de que Dios lo capacitará para perseverar en medio de las circunstancias.

Y sí, por supuesto que Cristo es la Respuesta.

¿Dios aborrece el pecado pero ama al pecador?

“Dios no está enojado con usted, Dios le ama”, “Dios odia el pecado pero ama al pecador”, “Dios aborrece el pecado, no a usted.” Frases como éstas y similares se escuchan con frecuencia en medios evangélicos.

El cliché puede ser un tanto impreciso. El Antiguo y el Nuevo Testamento dejan bien en claro por boca de los profetas, los apóstoles, y Cristo mismo, que Dios está airado contra los pecadores por motivo de su pecado y sus transgresiones.

Un examen riguroso de la Escritura concluirá que la ira, el aborrecimiento y el juicio de Dios, están dirigidos contra el pecador tanto como contra los pecados:

“El que mora en los cielos se reirá; el Señor se burlará de ellos. Luego hablará a ellos en su furor, y los turbará con su ira.”
Salmo 2: 4-5

“Los insensatos no estarán delante de tus ojos; aborreces a los que hacen iniquidad. Destruirás a los que hacen iniquidad. Destruirás a los que hablan mentira; al hombre sanguinario y engañador abominará Jehová.”
Salmo 5: 5-6

“Dios es juez justo, y Dios está airado contra el impío todos los días.”
Salmo 7: 11

“Jehová prueba al justo; pero al malo y al que ama la violencia, su alma los aborrece.”
Salmo 11:5

“Porque la ira de Dios se revela contra el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad.”
Romanos 1:18

“Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios, el cual pagará a cada uno conforme a sus obras: vida eterna a lo que, perseverando en bien hacer, buscan gloria y honra e inmortalidad, pero ira y enojo a los que son contenciosos y no obedecen a la verdad, sino que obedecen a la injusticia.”
Romanos 2:5-8

“Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida.”
Romanos 5:10

“Como está escrito: A Jacob amé, más a Esaú aborrecí.”
Romanos 9:13

“Entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hjos de ira.”
Efesios 2:3

Si Dios sólo aborrece el pecado y no a los pecadores que cometen los pecados, ¿por qué destina a los pecadores al infierno? ¿Por qué no envía al infierno sólo a los pecados? ¿Por qué Dios castigó a Cristo como sustituto del pecador, en lugar de castigar el pecado? Quizá porque el pecado no es algo que pueda castigarse. Nadie puede comprar medio kilo de pecado y cargárselo encima.

Ahora bien, ¿cómo reconciliamos lo que vengo diciendo con los pasajes que hablan del amor de Dios hacia nosotros Sé que a estas alturas el lector puede estar molesto porque estamos, en cierta forma, desmenuzando ideas preconcebidas que le han acompañado por mucho tiempo. Es mi deseo que el lector conserve ahora un espíritu dispuesto a examinar la Escritura objetivamente despojándose de presuposiciones que han sido taladradas en su mente.

¿Dónde está el amor de Dios en todo esto? Propiciación es la doctrina bíblica que dice que la muerte de Cristo en la cruz es lo que satisface las demandas de la justa ira y enojo de Dios. Propiciación es el regalo de amor del Padre que quita Su ira de la persona del pecador.

Definición de la ira de Dios: “La inevitable reacción de Aquél que es totalmente bueno, frente a lo que es malo.”

“La ira de Dios se revela desde el cielo” (Ro. 1:18). Es con esta frase que Pablo comienza la exposición del evangelio. La única forma de escapar la ira de Dios es corriendo a refugiarse en el Señor Jesucristo, la única esperanza en la vida y en la muerte.

“El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él” (Jn. 3:36). La Escritura afirma que Jesús es el único que puede salvar al pecador de la ira venidera (1 Tes. 1:10).

Estimado lector, ¿te encuentras a salvo en los brazos de Jesús? ¿Estás pronto para el Día del Juicio? ¿Has pasado de estar bajo la ira de Dios a estar bajo Su gracia y misericordia? Ven a Jesús, en arrepentimiento y fe, para que solo conozcas la ira de Dios como una doctrina y nunca como una experiencia propia.

No debemos juzgar el destino eterno de una persona.

Cuando en cualquier clase de conversación con gente que no es cristiana se menciona que el destino eterno de los que rechazan a Cristo es el infierno, invariablemente encontraremos que de pronto, alguien parece conocer la mente de Dios mejor que nadie cuando responde más o menos con estas palabras: “Sólo Dios conoce el destino eterno de una persona.”

En un sentido, el concepto es acertado si la idea se basa en la omniciencia de Dios. Pero la intención del momento es impedir o neutralizar el efecto que la exposición de la verdad bíblica puede estar causando en la mente de los escuchas. La noción subyacente es que nadie puede juzgar (discernir) el estilo de vida de alguien. La admonición viene frecuentemente acompañada con el consabido “No juzguéis para no ser juzgados.”

Es lamentable que este concepto se maneje aun dentro de círculos cristianos como resultado de la corriente humanística que ha invadido la iglesia, la cual procura entre otras cosas, no ofender a nadie. Claro está que no ofender a nadie, en este caso, significa no decir la verdad. Esto es muy conveniente para los cristianos que no desean traspasar los límites de su zona de confort.

La verdad bíblica antagoniza de plano con el cliché en cuestión. El apóstol Juan dice que la persona que es salva guarda obediencia a la Palabra de Dios (1 Jn. 2:3). Y aún va más allá cuando afirma que la persona que dice tener una relación con Dios, pero sin embargo vive en desobediencia, tal persona es “mentirosa y la verdad no está en ella (2:4).” Y otra vez, la prueba que muestra que la persona es salva es que ésta “permanece en él”, y “anda como él anduvo (2:5).”

Como vemos, Juan no está hablando de cosas abstractas, sino de pruebas tangibles que son obvias a los sentidos y la capacidad de razonar del observador imparcial. Es manifiesto que el Espíritu Santo, a través de Juan, nos deja aquí lineamientos claros y precisos en cuanto a determinar quién es un genuino hijo de Dios, y quien no lo es, aun cuando éste reclame serlo. Es también obvio que a la persona que vive en pecado, de permanecer en ese estilo de vida, o de morir en esa condición, le depara un destino eterno en el infierno.

Esta no es la única instancia en la cual Dios provee la clave para que los cristianos podamos discernir la condición espiritual de una persona con el grado de certidumbre suficiente como para manejarnos en la vida diaria. De lo contrario, los cristianos estaríamos desprovistos de nuestra razón de ser, el anunciar las Buenas Nuevas con respecto al pecado y el camino de Salvación (1 Pe. 2:9-10).

En 1 de Juan existen más pistas inequívocas que nos proveen información sobre quién es un cristiano y quién no lo es. Veamos una:

“Todo aquel que es nacido de Dios no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios.” (1 Jn. 3:9)

El apóstol Juan no está afirmando que el cristiano no pueda pecar, sino que no hará del pecado un estilo de vida. Si un cordero y un cerdo caen en el lodo, las actitudes de ambos serán muy diferentes. El cordero va a querer salir y eventualmente lo hará, pero el cerdo permanecerá allí muy cómodo. Lo mismo es con la persona que realmente ha sido regenerada por el Espíritu de Dios y la que sólo presentó la apariencia de ser cristiana pero nunca fue salva. La diferencia entre los salvos y los no salvos es clarísima y se reafirma en el siguiente versículo (v. 10) donde el contraste es aun más evidente: “En esto se manifiestan los hijos de Dios y los hijos del diablo.”

EL apóstol Pablo parecería tener la impresión de conocer el destino eterno de ciertas personas, cuando escribe:

“No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios.” (1 Co. 6: 9-10)

Recientemente una hermana en Cristo me confrontó muy amorosamente cuando hice un comentario humorístico pero de contenido verdadero. Dije que Joseph Smith, el profeta mormón, ya hace tiempo que recibe lecciones de teología en el infierno (bueno, el Hades, para ser teológicamente exacto). La hermana planteó que los cristianos no debemos hacer comentarios acerca del destino eterno de las personas. Yo le dije que de acuerdo con la Biblia, y considerando que no existen evidencias de que Joseph Smith se hubiera arrepentido, la conclusión natural es que podemos determinar con un alto grado de precisión que su destino eterno es el infierno.

Muchos cristianos modernos coinciden con la hermana, pero esta es una manera absurda de pensar que además denota un conocimiento raquítico de la Palabra de Dios. Una de las artimañas de Satanás es hacernos creer que no debemos juzgar las doctrinas o los estilos de vida de las personas (2 Co. 2:11).

Si se supone que no podemos juzgar cuando una persona es salva o no, nadie podría ser bautizado o hacerse miembro de una iglesia protestante, o escoger pastores y líderes para su iglesia.

El apóstol Pablo dijo que no nos dejáramos engañar por cierta gente (1 Co. 6:9-11; Gá. 5:19-21). Si son paganos o falsos maestros, debemos decirlo. Si reclaman ser cristianos pero no obedecen la ley de Dios, Juan dice que debemos denunciarlos como mentirosos (1 Jn. 2:4). Pedro no tiene ningún empacho en decir adonde van a ir a parar los falsos maestros (2 Pe. 2:1s). Pablo, en 1 Timoteo 4, dice claramente que algunos predican doctrinas de demonios y los llama mentirosos.

Conclusión: Lo más amoroso que podemos hacer es juzgar a la gente de acuerdo con el criterio bíblico.

¿Ama Dios a todos los hombres por igual?

No existe duda que el plan de salvación fluye del incomparable amor de Dios. El amor de Dios emana de cada página en la Biblia. Ya en el Antiguo Testamento las menciones sobre el amor de Dios son múltiples y cristalinas. Cualquier persona con una concordancia puede localizar las referencias acerca del amor de Dios en el Antiguo Testamento. Un análisis de éstas nos lleva a la conclusión de que existen dos clases de amor de parte de Dios:

1. Amor no redentivo – Amor por el pueblo judío manifestado en las bendiciones individuales y colectivas, así como las promesas condicionales e incondicionales respecto a la nación. Este amor comprende o encompasa tanto al judío externamente obediente, como a los genuinos creyentes hijos de Abraham.
2. Amor redentivo – El amor de Dios relacionado con el don de la salvación eterna. Este tipo de amor por parte de Dios alcanza exclusivamente a los elegidos de Dios que son identificados como el remanente creyente de Israel (Is. 10:20-22; Ro. 9:23-29).

Es claro, por otra parte, que el amor de Dios en el Antiguo Testamento en ambos aspectos, redentivo y no redentivo, sólo se extiende hacia el pueblo del pacto, Israel. Ni una sola vez, en todo el Antiguo Testamento, se extiende a las naciones paganas de los alrededores.

Veamos ahora el amor de Dios en el Nuevo Testamento. Aquí, prácticamente todas las referencias al amor de Dios caen dentro la categoría de amor redentivo. Este amor redentivo de Dios es eficaz, irresistible e incondicional (Ro. 8:29-30; Ef. 5:25-27; Ap. 1:5). Los recipientes del amor redentivo de Dios ya no son solamente los elegidos de Israel, sino que ahora son incluidos los elegidos de entre los gentiles. Vemos, entonces, que el amor redentivo de Dios no está dirigido a toda la humanidad.

Desde que Dios ama a los que escoge y predestina para salvación, y desde que Dios no ha escogido a toda la humanidad para salvación, es obvio que Dios no ama redentivamente a toda la humanidad. Es cierto que Dios ama a la humanidad en general, aun hasta al impío en cierto sentido. Dios suple para sus necesidades físicas, por ejemplo (Mt. 5:44-45). Pero el amor por el impío es mucho menor que el amor que Dios siente por los creyentes (1 Jn. 3:1). Antes que enfatizar el amor no redentivo por los inconversos, la Biblia enseña con mucho mayor énfasis que Dios aborrece al pecador (Sal. 5:4-6; Pr. 6:16-19; Ro. 9:13; ver también la sección Dios aborrece el pecado pero ama al pecador).

Un pasaje que generalmente se usa para mostrar que Dios ama a todos los hombres por igual es Juan 3:16:

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.

Se argumenta que la palabra “mundo” (kosmos) implica que el amor de Dios se extiende a todo individuo que existió, existe y existirá sobre la faz de la tierra. No deseando en ninguna manera desbordarnos hacia la polémica de la expiación o redención limitada, nos concentraremos simplemente en deducir el significado de la palabra kosmos, y su inferencia lógica respecto al tema que nos atañe, ¿ama Dios a todos los hombres por igual?

Lo primero que debemos descubrir es a cuál tipo de amor se refiere el pasaje. Es obvio que la referencia al amor redentivo de Dios es indiscutible. Segundo, es sabido que Juan usa la palabra kosmos de diferentes formas en sus escritos. Razones de espacio nos impiden listar los diferentes significados de la palabra kosmos, los cuales son determinados en toda instancia por el contexto. En el caso de Juan 3:16, para hallar la definición de kosmos debemos ir a Juan 3:18-19:

Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito del Padre.

El erudito Ra McLaughlin presenta el argumento lógico de la siguiente manera:

a. Dios envió su Hijo a salvar el kosmos.

b. Dios no envió a su Hijo a condenar al kosmos.

c. Los creyentes son salvos.

d. Los creyentes no son condenados.

e. Los no creyentes no son salvos.

f. Los no creyentes son condenados.

g. Desde que los NO creyentes son condenados (no salvos), en oposición al kosmos, el cual no es condenado sino salvo, los NO creyentes no son parte del kosmos en este pasaje.

h. Como los creyentes son salvos y no son condenados, del mismo modo que el kosmos es salvo y no es condenado, kosmos representa a los creyentes en este pasaje.

(http://www.thirdmill.org/files/english/html/th/TH.h.McLaughlin.LA.20.html)

La Escritura indica, en su contexto amplio, que el amor que Dios tiene por sus escogidos es diferente al que tiene por la humanidad en general. Por motivo de su amor por Cristo, Dios ha hecho a ciertos individuos el objeto de su amor especial desde antes de la fundación del mundo. Los ha amado por lo que ellos serían en Cristo, y el hecho de que ellos se convertirían en pecadores no fue suficiente para disminuir su amor:

Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, según nos escogió en él antes de la fundación del mundo para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad.
Efesios 1:3-5

Dios tiene un amor especial en Cristo por aquellos a los que predestina para salvación. Este amor no es el mismo amor que Dios tiene por la humanidad en general. Es un amor mucho más superior, es el amor redentivo y electivo de Dios, tan intenso que él no puede evitar salvar a los que son objeto de ese amor. Además de la famosa roca tan grande que él no puede levantar, ésta es otra de las cosas que Dios no puede hacer, dejar que los que él ama se pierdan.

*Este artículo ha sido publicado en este blog con el permiso de Pablo Santomauro*


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