Dirigidos por Dios

28 mayo, 2010

Dirigidos por Dios

Una de las características excitantes de “Star Trek” era el rayo
transportador. Este rayo desintegraba a la persona al nivel molecular y
luego la volvía a materializar en un lugar remoto. Ésto le permitía al
capitán Kirk y su tripulación dejar la nave Enterprise, y en un momento,
encontrarse en nuevos y extraños mundos. Tan futurístico como ésto pueda
sonar, el viaje relámpago se menciona en el libro de Los Hechos. Se nos dice
que después que Felipe cumplió su misión de compartir a Cristo con un eunuco
etíope y bautizarle, que “…el Espíritu del Señor arrebató a Felipe; y el
eunuco no le vio más, y siguió gozoso su camino.”[Hechos 8:39, VRV] No se
nos dice como fue ésto, sino que “…Felipe se encontró en Azoto; y pasando,
anunciaba el evangelio en todas las ciudades, hasta que llegó a Cesarea.”
[Hechos 8:40, VRV] La traducción “New Living” dice que fue ‘arrebatado’ por
el Espíritu Santo, mientras que la “English Standard” dice que fue ‘llevado’
por el Espíritu Santo. Ambas dan la idea de transporte inmediato y
sobrenatural asistido por el Espíritu de Dios. A razón de ésto, Felipe se
encontró a sí mismo en un lugar diferente, y exactamente en medio de la
perfecta voluntad de Dios. Como Felipe pudo reconocer ésto como la voluntad
de Dios para él de compartir a Cristo en aquella ciudad, no perdió un
instante en hacerlo. Ahora bien, aunque hoy no seamos físicamente
transportados a distintos lugares por el Espíritu, él nos guía a lugares y
situaciones que nos dan la oportunidad de llevar a cabo la perfecta voluntad
de Dios para nuestra vida. Como Felipe, sin embargo, debemos “aterrizar”
allí, es decir, debemos determinar que donde nos encontramos ha sido por
obra del Espíritu, y luego continuar adelante llevando a cabo la voluntad de
Dios para nuestra vida. Una manera de determinar si es el Espíritu quien nos
ha estado dirigiendo en ésto, es si nosotros no tuvimos nada que ver en
ello. Cuando son del Espíritu Santo, las cosas caen en su sitio, y las
puertas se abren de por sí. Muchas veces esta es la manera de Dios de
arrancarnos de nuestro egocentrismo y ponernos en su perfecta voluntad.
(Traducida por Julia Barbeito)

Para una iglesia en crecimiento,

John Brito

Co-Pastor de la mejor iglesia del sur de California


Exclusividad

18 abril, 2010

Exclusividad

Cantares 2:16 dice: “Mi amado es mio, y yo suya.” Este versículo habla de
exclusividad. El deseo innato de una relación exclusiva es uno que Dios ha
puesto dentro de todos nosotros. Piénsalo. Los novios y novias se ofenden
grandemente y rompen a causa de la infidelidad. ¡ No puedes permitir que tu
chica ande por ahí besando a otro! Y esta necesidad de exclusividad sólo se
intensifica en el matrimonio. Buscamos fidelidad. Hay algo maravilloso al
saber que la relación que tenemos con nuestro/a esposo/a, o novia, o novio
es una que otros no pueden compartir. Eso nos permite abrirnos a ellos de
una manera que no sería posible de otro modo. Bueno, ya que Dios ha puesto
esa necesidad de exclusividad dentro de nosotros, sabemos instintivamente
que la infidelidad es incorrecta. Esta es la manera de que Dios se vale para
decirnos que en cuanto a nuestra relación con El, El se niega a
compartirnos. Debe ser exclusiva. Así que vive para Dios exclusivamente hoy.
Ten la seguridad de que tú eres de Él, y Él es tuyo! (Traducida por Julia
Barbeito)

Para una iglesia en crecimiento,

John Brito

Co-Pastor de la mejor iglesia del sur de California

Iglesia Iberoamerica de las Asambleas de Dios

2805 Belgrave Ave.

Huntington Park, CA. 90255

http://ministeriosiberoamerica.org/blog/

Consejos no solicitados

15 abril, 2010

Consejos no solicitados

A veces ofrecemos consejos bien intencionados a otros sólo para que el
resultado sea que se enojen con nosotros. Esto nos hace pensar por qué se
enojaron en primer lugar, cuando todo lo que hicimos fue ofrecerles nuestras
perlas de sabiduría. Las palabras de Jesús en Mateo 7:6 nos explican la
razón: ” No déis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de
los cerdos, no sea que las pisoteen, y se vuelvan y os despedacen.” Jesús
nos está diciendo que lo que nosotros podemos considerar perlas de sabiduría
es basura para otros. Nuestro consejo bien intencionado puede ser percibido
como tonterías no solicitadas, y puede causar el enojo de otros y de paso
aun ser atacados. Así que cuando nos sintamos impulsados a compartir ese
“conocimiento necesario”, debemos mejor detenerlo hasta que alguien nos pida
consejo, o desee escuchar lo que tenemos que decir. Sólo entonces debemos
hablar, y hacerlo con humildad. Entonces quizá nuestras palabras serán
vistas como perlas de sabiduría. (Traducida por Julia Barbeito)

Para una iglesia en crecimiento,

John Brito

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Cuando la vida no es justa

15 abril, 2010

Cuando la vida no es justa

De niños se nos enseñó que la justicia era importante y se nos corregía
cuando no estábamos siendo justos con otros. Tan importante se volvió esta
virtud en nuestras vidas que cada vez que algo no nos parecía justo,
gritábamos: ” ¡Eso no es justo!”, como esperando que la aparente injusticia
debía arreglarse- algo que parecía funcionar muchas veces, porque al oír
esas palabras, nuestros padres hacían lo mejor posible para que la situación
fuera “justa” otra vez. Cuando crecimos, sin embargo, rápidamente nos dimos
cuenta que la vida no es justa. Cosas malas le pasan a gente buena sin
razones aparentes y sin traer explicaciones incluidas. Job fue un hombre que
recibió una alta dosis de injusticia. En un corto lapso de tiempo todos sus
hijos murieron; igualmente sus sirvientes; su ganado murió, y Job perdió su
salud. Convencido de que este tipo de pérdida y aflicción solo le debía
pasar a los malos, Job dijo: “Aun hoy mi queja es rebelión; su mano es
pesada no obstante mi gemido.” [Job 23:2LBLA] La protesta de Job era que
Dios estaba equivocado, que Él había permitido que la aflicción llegara a un
hombre justo. Sin embargo, Dios no se quedó en silencio, sino que le
respondió diciendo: “¿Quién es el que oscurece el consejo con palabras sin
conocimiento? Ciñe ahora tus lomos como un hombre, y yo te preguntaré y tu
me instruirás.” ¿Dónde estabas tú cuando yo echaba los cimientos de la
tierra?” [Job 38:2-4] Esta era la manera de Dios de decirle a Job: ¿Quién
eres tú hombre pequeñito para cuestionarme? ¿Podrías entender mis caminos?
Después de oír las muchas preguntas de Dios, finalmente Job se quedó sin
habla. Como Job, hay veces que demandamos a Dios esperando una respuesta al
por qué cosas malas han venido a nosotros. Y aunque Dios puede y a veces
responde, hay veces que su silencio es ensordecedor. Es en estas ocasiones
que debemos recordar las palabras dejadas por el Apóstol Pablo en Romanos
8:28 y encontrar consuelo en ellas: “Y sabemos que a los que aman a Dios
todas las cosas les ayudan para bien, esto es a los que conforme a su
propósito son llamados”. La vida puede no ser justa, pero Dios hace que
todo coopere para nuestro bien. (Traducida por Julia Barbeito)

Para una iglesia en crecimiento,

John Brito

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A la mesa

13 abril, 2010
A la mesa

De todos los daños que se le pueden hacer al corazón, quizá la traición es
uno de los más dolorosos. Jesús se sintió traicionado por parte de uno de
sus 12 amigos. Los Evangelios no nos dicen por qué Judas traicionó a Jesús,
sólo que recibió 30 monedas de plata como pago de ésto. ¿Sería solamente
avaricia lo que motivó a Judas a traicionar a aquel que le había llamado al
ministerio y llevado a cabo incontables milagros delante de él? Quizá nunca
lo sabremos. Lo que si sabemos es que Judas se sentó a la mesa con Jesús y
los otros once para participar de la cena de Pascua.

No se sabe con certeza si Judas participó de la cena del Señor, porque el Evangelio
de San Juan nos dice, ” Cuando Judas hubo comido el pan, Satanás entró en él.
Luego Jesús le dijo: “Apúrate y haz lo que tienes que hacer. Así, que Judas se fue
enseguida, y era ya de noche” [Juan 13:30, 37]. Sin embargo, me gustaría
pensar que Judas comió el pan del cual Jesús dijo, “Tomad ésto y comedlo,
porque ésto es mi cuerpo” [Mat. 26:26]; y bebió de la copa de la cual Jesús
dijo: “Cada uno de Uds. beba de ella, [28] porque ésta es mi sangre, que
confirma el pacto entre Dios y su pueblo. Es derramada como un sacrificio
para perdonar los pecados de muchos.” [Mt. 26:27-28] A la mesa se sentó el
traidor que Jesús mismo había invitado. Claro está, que a la mesa también se
sentó el que lo negó-Pedro, y un grupo que lo abandonó-los demás; y si miras
lo suficientemente cerca verás una silla para ti y para mi.

Nosotros también nos sentamos a esa mesa en compañía de los 12; donde aquellos
que arrimanuna silla están llenos de pecados e imperfecciones-precisamente la razón que
Jesús nos llamó a su mesa. Si no fuera por su gracia…(Traducida por Julia
Barbeito)

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John Brito

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Lágrimas en una botella

13 abril, 2010

Lágrimas en una botella

Al enfrentar pérdida, injusticia, dolor, tristeza y frustración, derramamos
lágrimas, lágrimas que si podemos escoger, fluyen en tiempos y lugares donde
nadie las vea. Dios, sin embargo, las ve, y nuestras lágrimas son
importantes para El. El salmo 56:8 dice:

“Mis huidas tu has contado. Pon mis
lágrimas en tu redoma. No están ellas en tu libro?”

Este antiguo salmo fue
escrito en el Medio Oriente, donde el clima árido hacia que la gente tratara
el agua como un artículo precioso, y la guardara cuidadosamente en sacos de
piel. El salmista evoca la imagen de nuestras lágrimas en una botella para
trasmitir cuán preciosas son nuestras lágrimas para Dios. El nota cada
lágrima y registra todas nuestras penas. Era este conocimiento del amor de
Dios y su preocupación por nosotros lo que empujan al salmista a decir:

“Serán luego vueltos atrás mis enemigos, el día en que yo clamare; Esto se,
que Dios esta por mi” [10] En Dios alabaré su palabra; En Jehová su palabra
alabaré. [Sal. 56:9-10, VRV] Dios no solo guarda nuestras lágrimas en una
botella y se da cuenta de nuestras penas. El nos ayuda a través del dolor y
trae justicia a nuestras vidas, y también nos recuerda todo lo que El ha
prometido hacer por nosotros. Por eso, derrama tus lágrimas ante Dios,
porque ninguna de ellas se pierde. Dios sostiene tu redoma de lágrimas.
(Traducción por Julia Barbeito.)

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John Brito

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