Una Promesa que no podemos olvidar
Por Daniel Brito
Durante la Navidad del año pasado, unos ateos decidieron gastar dinero en algunas ciudades de los Estados Unidos, y en la ciudad de Londres, Inglaterra, luego también en España, anunciando: ¿Por qué creer en Dios? Sé bueno por el bien o la bondad. A esto preguntaría yo: ¿Qué puede ofrecer un ateo? Es una realidad que la vida en este mundo es corta, y todos tendremos que enfrentar la eternidad un día. Es ahí donde el ateísmo fracasa en poder ofrecer algo, porque según ellos, no hay nada después de la muerte; todo deja de existir. Decirle a la gente que no crean en Dios, pero que sean buenos, queda bastante corto, y sin sentido moral, porque, ¿quién determina qué es bueno y qué es malo si Dios no existe?
Las sectas no se quedan atrás, y otras religiones tampoco, donde la incertidumbre y el sistema elaborado de obras es lo que determina lo que ocurre después de la muerte. Es ahí donde este tiempo tan hermoso de Navidad, nos debe recordar que SOLAMENTE el Verdadero Evangelio de JESUCRISTO ofrece vida eterna a los que creen en Él como Salvador personal. Y eso es lo que celebramos en Navidad: La Encarnación del Hijo De Dios, que vino a dar Su Vida por nosotros.
El tema de la muerte no es un tema bonito, pero es imposible de ignorar. La Biblia nos enseña que la muerte es un enemigo de Dios. 1 Corintios 15:24-26 dice:
«entonces vendrá el fin, cuando entregue el reino al Dios y Padre, después que haya abolido todo dominio y toda autoridad y poder.
25Pues El debe reinar hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies.»
Es muy claro que Dios le dijo a Adán que si desobedecía y comía del árbol, iba a morir. Esa muerte era doble: espiritual y física. JESUCRISTO solucionó el problema de la muerte espiritual al reconciliarnos con Dios a través de Su Muerte en la Cruz del Calvario. Pero la muerte física es algo que ha seguido afligiendo a la humanidad, y lo hará hasta que nuestro SALVADOR venga a Reinar.
Si el SEÑOR viene por Su Iglesia mientras vivimos, no veremos la muerte física, sino que seremos transformados instantáneamente para encontrarnos con nuestro Salvador en el aire. 1 Tesalonicenses 4:16-17 dice:
«EPues el Señor mismo descenderá del cielo con voz de mando, con voz de arcángel y con la trompeta de Dios, y los muertos en Cristo se levantarán primero. 17Entonces nosotros, los que estemos vivos y que permanezcamos, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes al encuentro del Señor en el aire, y así estaremos con el Señor siempre.»
Ahora, si el SEÑOR no viene por Su Iglesia mientras vivimos, todos tendremos que enfrentar la muerte física. Pero es ahí donde entra la ESPERANZA del Cristiano. La Escritura es bien clara en dejarnos las Palabras de nuestro Salvador sobre la Vida Eterna que Él tanto Prometió a aquellos que Creyeran en Él. Solamente en el Evangelio de Juan, encontramos tantas veces que JESUCRISTO habló de la Promesa de darnos vida eterna y Resucitarnos de entre los muertos. Juan 6:40 dice:
«Porque esta es la voluntad de mi Padre: que todo aquel que ve al Hijo y cree en El, tenga vida eterna, y yo mismo lo resucitaré en el día final.»
Veamos algunas observaciones sobre este Texto:
Es la Voluntad de Dios darle vida eterna a aquellos que Creen, o sea que se someten al Hijo.
El tener vida eterna es la Promesa más grande que Dios puede darnos. Eso quiere decir que nuestro futuro está garantizado si nos sometemos al Hijo, Creyendo en Él. Aclaro que CREER, no es asentir con la cabeza solamente, sino que es una vida de OBEDIENCIA a Dios. No se puede Creer a Dios sin Obediencia. Creer, es convencerse, y por lo tanto Obedecerle. Nadie puede librarse de esa realidad, porque entonces sería cambiar totalmente el contexto de las enseñanzas de JESUCRISTO. Nuestro Salvador dijo al respecto en Juan 14:1-3:
«No se turbe vuestro corazón; creed en Dios, creed también en mí. 2En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no fuera así, os lo hubiera dicho; porque voy a preparar un lugar para vosotros. 3Y si me voy y preparo un lugar para vosotros, vendré otra vez y os tomaré conmigo; para que donde yo estoy, allí estéis también vosotros.»
Por eso las Palabras del Salmo 23 son tan reales al uno poder leerlas. Especialmente el verso seis:
«Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa del SEÑOR moraré por largos días.»
Esto nos enseña que el Futuro, es nuestro mejor amigo. El creyente no tiene por qué tenerle miedo al futuro, especialmente al más allá.
La última Promesa es que un día regresaremos a buscar el cuerpo, o nuestra habitación que dejamos en la tierra. Seguramente que no habrá nada sino solamente polvo en lugar del cuerpo que dejamos. El SEÑOR nos hará un cuerpo nuevo Glorificado. Esa promesa es un pilar del Evangelio y debemos recordarla, y enseñarla.
Es por esa razón que el creyente lamenta la pérdida de un ser querido, pero no como aquellos que no tienen esperanza. Porque donde no hay esperanza, solamente existe la incertidumbre. Nosotros tenemos nuestro futuro garantizado. 1 Tesalonicenses 4:14-18 dice:
«Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también Dios traerá con El a los que durmieron en Jesús. 15Por lo cual os decimos esto por la palabra del Señor: que nosotros los que estemos vivos y que permanezcamos hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron.
16Pues el Señor mismo descenderá del cielo con voz de mando, con voz de arcángel y con la trompeta de Dios, y los muertos en Cristo se levantarán primero.17Entonces nosotros, los que estemos vivos y que permanezcamos, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes al encuentro del Señor en el aire, y así estaremos con el Señor siempre. 18Por tanto, confortaos unos a otros con estas palabras.»
Que Dios los bendiga.
*Toda referencia Bíblica es tomada de la Biblia de las Américas*