Por: Rosa Guadarrama García
Título: La Felicidad que libera el corazón
Texto: Mateo 22:39
“ El segundo se parece a éste: “Ama a tu prójimo como a ti mismo.”
Introducción:
En esta noche estaremos tratando sobre el Primer y más grande Mandamiento, que es primeramente amar a Dios, y en segundo lugar, amar al prójimo como a uno mismo. Trataremos los siguientes puntos:
- La Regla de Oro.
- ¿Dolido o Feliz?
- El no amar al Prójimo es rechazar la Voluntad de Dios.
- Dios es Amor.
Lección:
1. La Regla de Oro. – JESÚS al decir como el segundo y gran Mandamiento de amar a nuestro prójimo, es porque el amor que uno mismo se tiene a sí mismo, es un amor de cuidarnos, de mirar qué mejor nos conviene, he incluso, de olvidar fácilmente nuestras propias faltas y ofensas que nosotros cometemos, porque uno mismo no se puede guardar rencor a sí mismo.
Pero si una persona nos ofende y hace algo que realmente duele el corazón, empieza a guardar cierto rencor cuando permite uno que entre rencor y odio en el corazón. Al instante pierde uno la felicidad y se convierte en amargura, y muchos de nosotros tenemos las típicas Palabras: El SEÑOR sabe mi corazón que Dios le ayude porque la verdad me dolió lo que me hizo. Yo la perdono, o yo lo perdono, pero mi corazón me duele por la ofensa que me hizo.
2. ¿Dolido o Feliz? – ¿Pero realmente Dios quiere un corazón dolido o quiere un corazón feliz que aprenda a perdonar sinceramente y amar al que nos ofende a tal grado que por más grande que sea la ofensa uno puede perdonar y mantenerse feliz?
JESÚS mandó amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos, porque Él sabe realmente qué es la clave para tener un corazón libre de rencor, permaneciendo todo el tiempo feliz y contento.
Dios nos mira sin resentimientos contra nosotros. Cuando Él nos perdona, refleja poderosamente la clase de amor que nos expresa.
El solo saber que Dios se interesa por la relación con mi prójimo nos favorece en la vida espiritual, porque si uno ama, fácilmente perdona, y no guarda rencor ni envidia que hace tanto daño a uno mismo, probando la desobediencia hacia Dios, rechazando Su Mandamiento.
3. El no amar al prójimo es rechazar la Voluntad de Dios. – (Proverbios 8:36) “Quien me rechaza, se perjudica a sí mismo; quien me aborrece, ama la muerte.” Si uno no ama al prójimo, lo estamos rechazando, y la manera de aborrecer a Dios es de no hacer Su Voluntad, amando todo lo que lleva a la muerte espiritual.
No debemos rechazar Sus Mandamientos, hay que ser obedientes a Su Palabra, viviendo una vida como Él quiere: Amarnos los unos a los otros; perdonando las ofensas sin que se quede el corazón dolido, sino todo lo contrario, tener una vida feliz para obtener las bendiciones de Dios y ser llenos de Su Plenitud.
(Efesios 3:18-19) “Puedan comprender, junto con todos los *santos, cuán ancho y largo, alto y profundo es el amor de Cristo;19 en fin, que conozcan ese amor que sobrepasa nuestro conocimiento, para que sean llenos de la plenitud de Dios.”
4. Dios es Amor. – (1 Juan 4:16-17) “Dios es amor. El que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él.17 Ese amor se manifiesta plenamente entre nosotros para que en el día del juicio comparezcamos con toda confianza, porque en este mundo hemos vivido como vivió Jesús. En el amor no hay temor”
Note qué grande es el amor de JESÚS hacia uno. Es un amor perfecto que llena todas las necesidades de todo aquel que reconoce a Cristo como SEÑOR y Dios de nuestras vidas, y cuando uno lo acepta, uno es liberado de todo razonamiento que oprimía el alma y corazón, derramando de Su amor en el corazón, demostrando a todo creyente que lo ama, lo perdona, y le muestra una relación de amigos, haciéndose de nuestra confianza para darnos vida eterna; y todo por amor.
Hay que tomar el más grande ejemplo de nuestro SEÑOR que ofreciendo Su sangre en beneficio de nosotros, no importándole nuestro pasado pecaminoso y ofensas. Él nos ama como nadie lo puede hacer, y nos acepta llenándonos de Su Plenitud.
No hay que rechazar Sus Mandamientos. Dios nos ama tanto que no tiene comparación el de Cristo. Nosotros no sabemos amar como Él nos ama, pero sí le podemos pedir que derrame de Su amor en el corazón de uno para que uno ame a su prójimo tal y como Él lo manda, y así disfrutar de la felicidad que libera el corazón, y que es el amor de Cristo.
Conclusión:
Oremos……
*Toda referencia Bíblica, ha sido tomada de la Biblia, Nueva Versión Internacional*