Por: Joel Ruiz
Tema: Poniendo la fe en Jesús y no en las circunstancias.
Texto: Juan 5:1-9
«Algún tiempo después, se celebraba una fiesta de los judíos, y subió Jesús a Jerusalén.2 Había allí, junto a la puerta de las Ovejas, un estanque rodeado de cinco pórticos, cuyo nombre en arameo es Betzatá. 3 En esos pórticos se hallaban tendidos muchos enfermos, ciegos, cojos y paralíticos.5 Entre ellos se encontraba un hombre inválido que llevaba enfermo treinta y ocho años.6 Cuando Jesús lo vio allí, tirado en el suelo, y se enteró de que ya tenía mucho tiempo de estar así, le preguntó:
-¿Quieres quedar sano?
7 -Señor -respondió-, no tengo a nadie que me meta en el estanque mientras se agita el agua, y cuando trato de hacerlo, otro se mete antes.
8 -Levántate, recoge tu camilla y anda -le contestó Jesús.
9 Al instante aquel hombre quedó sano, así que tomó su camilla y echó a andar. Pero ese día era sábado.»*
Hay aquí en estos nueve versos una cantidad de cosas que pueden ser representativas de circunstancias en nuestras vidas, tales como; el hecho de saber que hay un estanque al que podemos acudir siempre en momentos de necesidad, un ángel al cual por su rapidez no podríamos alcanzar y que desgraciadamente no hay favor que podamos obtener de él. El estaque y el ángel fueron los recursos inalcanzables para aquel pobre paralitico de obtener alguna cosa mejor para su vida. Lo es así para nosotros siempre que ponemos nuestra Mirada en los recursos equivocados. Fue hasta que el verdadero ayudador del paralitico se presento ante él y le dijo; ¿Quieres ser sanado? No es raro en nuestros días encontrarnos nosotros mismos con:
I.- Los recursos que no ayudan.
¿Cuáles son estos recursos que no ayudan cuando queremos depender de ellos?
Son aquellos que por ser creados por el hombre no tienen la capacidad de sustentar nuestras necesidades más apremiantes. El doctor cuando nos sabemos enfermos de algo incurable, el amigo o pariente al que acudimos para resolver una necesidad económica, aquel hermano que ora mucho y que siempre nos echa la mano delante de Dios.
Tampoco es raro encontrar:
II.- Los impedimentos que nos privan de recibir de Dios.
¿Cuáles son esos impedimentos?
En el verso tres encontramos una lista de personas con diferentes clases de padecimientos; Encontramos Los cojos, encontramos ciegos y también encontramos paralíticos. De todos estos quizá el más desafortunado es el paralitico. La razón es que este hombre no puede caminar. El cojo por lo menos Cojea y llegará al estanque. El ciego encontrará a tientas como llegar hasta allí. Pero el paralitico si no hay alguien que lo mueva allí se quedará y no recibirá nada, como por mucho tiempo fue su caso. Lo cierto es; Que no nos equivocaríamos al decir que los impedimentos de estos individuos se repiten constantemente en una forma u otra en cada periodo de la historia. Para ser mas específico en nuestros días; Hay de toda clase de enfermos sin embargo nada es peor que estar enfermo del alma y que el impedimento mayor no es la parálisis física sino la incredulidad. El cojo espiritual apenas llega a alcanzar madurez y cuando cree que finalmente la tiene se le esfuma, el ciego espiritual no ve cuando el enemigo lo ataca, el paralitico espiritual necesita que lo muevan sino nada puede obtener de Dios.
Pero si confiamos en Jesús:
III.- Los triunfos que obtenemos a través de EL son;
si se me permite decir ; una claridad con respecto a quien es el verdadero ayudador, quien es el que a pesar de nuestras debilidades nos hizo el favor de perdonarnos, de sanarnos sacarnos de los vicios etc. etc. el que por medio de su sangre nos lavó y Escondió nuestros pecados en lo profundo de la mar y dijo ‘no me acordaré mas de ellos’ Una nueva vida que incluyo el ser la morada del espíritu para la comunión y certificación de nuestro derecho a ser hijos de Dios. Una promesa de salud y, protección contra las acechanzas del enemigo. Pero la más importante de todas; Un destino eterno en la casa del Padre donde nos espera una morada celestial
Queridos oyentes; quiero expresar mi gratitud a Dios. Porque en lo que respecta a mi confío plenamente en el único que me conoce al único que cuando le necesito siempre está allí, al que renueva mi fe si se me pone vieja, que nunca dice no cuando debe decir si, al que me conforta en la aflicción y me da claridad en la confusión. No es este al que tu también anhelas, al que buscas afanosamente por las noches de soledad y pesadumbre, el que es tu estanque no de agua que es movida por un ángel sino la verdadera agua de vida que sacia toda sed en tu alma. Hablo a todos los que ya lo disfrutan, hablo también a aquellos que se arrastran esperando que alguien quien sea les ayude a salir de sus problemas y dificultades aquellos que ya conociéndole actúan como si no le conocieran, así como el paralitico que lo tenía enfrente y no sabía quién era. Pero a aquellos que en verdad no le conocen y que me están escuchando, esta es tu oportunidad de tenerle a El, el verdadero Dios y tu única esperanza.
JESUS DE NAZARETH.
Conclusión:
Oremos.
*Toda referencia Bíblica es tomada de la Biblia, Nueva Versión Internacional.