Oración de Arrepentimiento por Excelencia

Por: Rosa Guadarrama García

TITULO: Oración de Arrepentimiento por Excelencia

TEXTO: Salmo 51:1-9

«Ten compasión de mí, oh Dios, conforme a tu gran amor; conforme a tu inmensa bondad, borra mis transgresiones. 2 Lávame de toda mi maldad  y límpiame de mi pecado. 3 Yo reconozco mis transgresiones; siempre tengo presente mi pecado. 4 Contra ti he pecado, sólo contra ti,  y he hecho lo que es malo ante tus ojos; por eso, tu sentencia es justa,  y tu juicio, irreprochable. 5 Yo sé que soy malo de nacimiento;  pecador me concibió mi madre.
6 Yo sé que tú amas la verdad en lo íntimo; en lo secreto me has enseñado sabiduría. 7 Purifícame con *hisopo, y quedaré limpio;  lávame, y quedaré más blanco que la nieve.
8 Anúnciame gozo y alegría;  infunde gozo en estos huesos que has quebrantado.
9 Aparta tu rostro de mis pecados  y borra toda mi maldad.»*

Introducción:
El Salmo 51 fue escrito por el rey David. El título lo relaciona con el episodio en que Natán reprende a David por su adulterio con Betsabé, y por arreglar la muerte de Urías, con el fin de ocultar su pecado.

1.  La Biblia ciertamente confronta los actos pecaminosos que nosotros los humanos encontramos tan fácil de cometer, porque ante los ojos de Dios, nada puede ser oculto. Él todo lo mira, todo lo sabe, así como la Biblia describe los logros y la fama de David, también narra con igual franqueza sus pecados.

A pesar de que Dios amaba a David, le envió un profeta y con una Parábola sencilla, hizo comprender Natán a David la enormidad de su pecado. El pecado realmente es muy malo porque es contra Dios. Que Dios sea bueno no significa que Él va a cerrar los ojos para aceptarnos ciegamente si vivimos a nuestro antojo, a la vez que cometemos diversos pecados. Puesto que también es un Dios Justo, y no podemos eludir Su Juicio cuando pecamos contra Él.

2.  David reconoció inmediatamente su pecado, y sabía exactamente quién había sido herido más, más allá del dolor que su pecado podía traer a su propia vida (v. 4) Contra ti he pecado, sólo contra ti,  y he hecho lo que es malo ante tus ojos.

David está consciente que solo Dios puede tratar el problema del pecado y la culpa. Desde el principio hasta el fin del Salmo, David clama a Dios arrepentido con el alma humillada y avergonzada. Su oración es petición tras petición. No trata de evadir su responsabilidad sobre la base de circunstancias ocasionales o el impulso del instinto humano. No culpa a Betsabé, ni tampoco al diablo, sino reconoce plenamente que él mismo ha pecado (v. 3) “siempre tengo presente mi pecado.” David comprende lo que es la esencia del pecado: es rebelión y una ofensa gravísima contra Dios (9) “Aparta tu rostro de mis pecados  y borra toda mi maldad.”  David quiere que sus rebeliones sean borradas (Daniel 7:10) “De su presencia brotaba un torrente de fuego. Miles y millares le servían, centenares de miles lo atendían. Al iniciarse el juicio, los libros fueron abiertos.”

David quiere que sus pecados sean borrados de este libro, es decir perdonadas completamente y olvidadas para siempre.

Por consiguiente, cuando nos examinamos a nosotros mismos a la luz de la Palabra de Dios, y vemos que algo anda mal, de inmediato tenemos que abandonar el pecado y arrepentirnos de verdad y obedecemos la Palabra del Señor, recibimos el perdón y la vida eterna. (Proverbios 28:13) “Quien encubre su pecado jamás prospera; quien lo confiesa y lo deja, halla perdón.”

3.  En cuanto David recibió el mensaje del profeta Natán para revelar sus pecados, se arrepintió sin dar excusas y, sus pecados fueron perdonados. (Salmo 103:3) “Él perdona todos tus pecados
y sana todas tus dolencias” (Salmo 78:38) “Sin embargo, él les tuvo compasión; les perdonó su maldad y no los destruyó.”  Que hermoso es nuestro Señor que nos permite ver como David clama por su perdón.

David no dijo Betsabé me provocó, fue mi piedra de tropiezo, como muchos de nosotros tenemos la costumbre de poner excusas cuando pecamos. Un ejemplo: mi esposo me provocó, me hizo enojar. O también esa hermana habló mal de mí. Yo no me voy a dejar, y empezamos a hablar mal de nuestro prójimo, y es fácil decir es mi aguijón, me lastima, me hace daño. Excusas que no le agradan a Dios.

Dios se agrada que reconozcamos nuestros pecados. Dios nos deja penetrar en el alma de David para darnos un maravilloso ejemplo, y es reconocer plenamente que nosotros mismos hemos pecado.

El objetivo de Dios es perdonar los pecados de quienes se arrepientan sinceramente y creen en Jesucristo. (Juan 5:24) “Ciertamente les aseguro que el que oye mi palabra y cree al que me envió, tiene vida eterna y no será juzgado, sino que ha pasado de la muerte a la vida.”

Después de pecar, recibimos perdón si nos arrepentimos en el nombre de Jesucristo. Jesús perdonó a la adúltera sorprendida en el acto de cometer el pecado y mientras estaba clavado en la cruz, perdonó al ladrón que se arrepintió de sus pecados. De manera que no hay pecado tan grave ni pecador que sea tan terrible que no puede tener perdón.

4.  Todos somos pecadores que merecemos ser desechados, pero Dios compró nuestra alma con la sangre de Su Hijo Jesucristo. (Hechos 2:38) “Arrepiéntase y bautícese cada uno de ustedes en el nombre de Jesucristo para perdón de sus pecados —les contestó Pedro—, y recibirán el don del Espíritu Santo.”

El arrepentimiento por el pecado, por más vil que sea, es perdonado porque la misericordia Divina no tiene límites. Claro que debemos dejar de pecar, porque cuando uno se arrepiente por algo que hizo, es porque no quiere volver a hacerlo.

Pongamos en práctica el versículo de Proverbios 28:13: “Quien encubre su pecado jamás prospera; quien lo confiesa y lo deja, halla perdón.”  Recuerda hermano que Dios ama la verdad en lo íntimo, en lo secreto.

Nada puede ser oculto. Hay que vivir en santidad ante los ojos de Dios con un corazón arrepentido de sus pecados anteriores, no deleitándose en las cosas de este mundo sino en su Palabra Divina.

Conclusión:

Oremos.

*Toda referencia Bíblica ha sido tomada de la Biblia, Nueva Versión Internacional.

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