Baptist Press: Dobson tiene razón, Obama distorsiona la Biblia y presenta una ‘teología confusa’

Junio 27, 2008

EDITORIAL: Dobson tiene razón, Obama distorsiona la Biblia y presenta una ‘teología confusa’

Por Will Hall
Jun 27, 2008

NASHVILLE, Tennessee (BP)–En su programa de radio del 24 de junio, James Dobson examinó el uso de la Escritura del contendiente presidencial demócrata Barack Obama y concluyó que “deliberadamente” distorsiona la Biblia “para que se ajuste a su propia visión del mundo — a su propia teología confusa.”

Dobson comentaba sobre un discurso que Obama pronunció en el 2006 a los liberales y moderados reunidos para un “Llamado a la Liberación” organizado por la organización Sojourner del ex marxista Jim Wallis:

“¿Cuál pasaje de la Escritura debería guiar nuestra política pública? ¿Debería ser Levítico que sugiere que la esclavitud está bien y que comer mariscos es una abominación? ¿Qué piensan de Deuteronomio, que sugiere apedrear a su hijo si se aparta de la fe? O debemos apegarnos al Sermón del Monte — un pasaje que sería tan radical que es dudoso que nuestro propio Departamento de Defensa pudiera sobrevivir si lo aplicara.

En gran parte, la prensa secular y los manipuladores de Obama han respondido tratando los cometarios de Dobson como controversiales, en vez de los de Obama. Otros descartan el criticismo de Obama debido a Obama pronunció el discurso en el 2006. Ambos minimizan la seriedad del error de Obama.

Las preguntas de Obama acerca de Levítico y Deuteronomio no son de naturaleza simplemente retórica, sino que fueron planteadas para crear dudad acerca de la suficiencia de la Escritura.

Sin lugar a dudas, el Antiguo Testamento es relevante hoy en día y nos enseña verdades y principios morales usados por Dios para hacer de Israel su nación. Sin embargo, es deshonesto a lo mejor que Obama sugiera que las leyes alimenticias que Dios le dio específicamente a Israel de alguna manera estén en juego hoy; tampoco es correcto implicar que hay una seria discusión en alguna escala que tales leyes se apliquen a la iglesia del Nuevo Testamento (la experiencia de Pedro en Hechos 10:9-16 deja a un lado este asunto).

Lo mismo es verdad acerca de la sugerencia de Obama en relación con la lapidación de un niño y la esclavitud. Para que conste:

– 1 Timoteo 1:8-11 condena a los tratantes de esclavos, y el libro de Filemón es una súplica apasionada por asegurar la libertad del esclavo prófugo Onésimo.

– La historia del hijo pródigo (Lucas 15:11-32) da una percepción sobre la enseñanza del Nuevo Testamento acerca de cómo tratar a los hijos que se extravían de la fe.

Por otra parte, la ofensa de Obama del 2006 no fue un incidente aislado.

En marzo del 2008, durante un evento de campaña de preguntas y respuestas en Nelsonville, Ohio, Obama justificó su apoyo al reconocimiento legal de las uniones del mismo sexo haciendo uso impropio de Mateo 5-7 y haciendo uso despectivo de Romanos 1.

“No creo que [uniones del mismo sexo] deban ser llamadas matrimonio, pero creo que es un derecho legal que deben tener que sea reconocido por el estado,” dijo Obama. “Si la gente encuentra eso controversial, entonces solamente los referiría al Sermón del Monte, el que creo, en mi mente, por mi fe, más importante que un oscuro pasaje de Romanos.”

No importa que el Sermón del Monte no contradiga la enseñanza bíblica acerca del matrimonio. De hecho, en el pasaje de la Escritura, Jesús realmente refuerza sus instrucciones en relación con el matrimonio como una unión entre un hombre y una mujer.

Sin embargo, de nuevo, Obama le falta al respeto a una porción de la Palabra de Dios simplemente porque no calza con su visión del mundo. El pasaje que desestima, Romanos 1:24-32, presenta la postura que la homosexualidad es pecado (junto con la codicia, la envidia, el asesinato, la contienda, el engaño, etc.) y condena a los que “aprueban a quienes las practican”.

Durante su programa radial, Dobson profundiza en asuntos políticos — en parte debido a la postura de Obama que “la democracia exige que quienes tengan motivaciones religiosas traduzcan sus preocupaciones a valores universales, más que a religiosos.” Hay muchos ejemplos bíblicos que contradicen tal posición (ver Daniel 3:16-18 y Hechos 5:29), pero Dobson escogió llamarlo una “ligera interpretación de la Constitución.”

Mi preocupación y mi motivación son espirituales, no políticas.

No intento minimizar lo que pueden ser serios intereses constitucionales y de política pública. Sin embargo, el uso malversado de la Escritura por parte de Obama para ajustarlo a una visión política del mundo es más grave que sus implicaciones a una elección presidencial. Las consecuencias para él y para cualquier engañado por sus distorsiones son en proporción verdaderamente bíblicas.
–30–
Will Hall es el editor ejecutivo de Baptist Press. Partes de esta columna fueron repetidas de un editorial anterior publicado el 5 de marzo del 2008 http://www.bpnews.net/BPFirstPerson.asp?ID=27556.
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-Este escrito es publicado en este blog con el permiso escrito de Baptist Press-


Liberación de demonios en los cristianos

Junio 14, 2008

“El demonio me hizo hacerlo”

Por Pablo Santomauro

Primero fueron los psicólogos los que nos enseñaron que vivimos en una sociedad integrada por víctimas. Nadie es responsable por su propia conducta, y por ello hemos visto a gente demandando legalmente a las compañías tabaqueras por el cáncer que adquirieron luego de fumar por años, y a los restaurantes McDonald’s por haber causado su obesidad con comidas de alto contenido grasoso. Los criminales, a su vez, culpan por sus actos a las circunstancias de su pasado y/o el haber crecido en una familia disfuncional. Los homosexuales culpan a sus genes (”se nace así”, dice el mantra). Todo el mundo culpa a alguien o a algo por su situación.

Esta mentalidad distorsionada del chivo expiatorio no demoró en penetrar la iglesia evangélica. Hoy las conductas más desviadas e insólitas pueden ser atribuidas a la presencia de uno o más demonios habitando en el cristiano. Muchos falsos maestros dentro del cristianismo practican la liberación de demonios aun en los creyentes. Es así que encontramos espíritus de toda índole tales como del divorcio, desidia, mentira, lujuria, pornografía, indiferencia, envidia, chisme, celos, etc. El caso típico es que luego de que la persona es “liberada” al poco tiempo vuelve a caer en el mismo tipo de conducta. Esto significa que no estamos tratando con demonios sino con patrones de conducta adquiridos, i.e., pecado habitual.

Es significativo que la Biblia nunca describe la obra de los demonios en función de la conducta inmoral o desobediente que supuestamente provocan. La dimensión de los demonios puede influenciar la conducta moral y la santidad de un creyente, pero la Biblia nunca habla de “posesión” en referencia a un cristiano – a decir verdad, ni siquiera habla de “opresión” – sino que el factor siempre presente es la “tentación”, y ésta mayormente viene del interior del hombre (Stg. 1:14).

Cierto, Satanás puede tentar, y así lo hizo en un principio en Génesis 3. Luego que nuestros padres milenarios pecaron, Dios no enfrentó primero al diablo sino que comenzó la “investigación” con el careo de Adán y Eva. En ningún momento quitó la responsabilidad de Adán y Eva, quienes en principio quisieron transferir la culpa a Dios, a la mujer (Gn. 3:12), y a la serpiente (Gn. 3:13) sucesivamente, pero en el final ambos confesaron su pecado (”y comí”). El diablo los tentó sin lugar a dudas, pero no los poseyó ni los oprimió. Ni Adán ni Eva pudieron decir: “El diablo me hizo hacerlo”. Dios exigió una confesión de parte de los pecadores y luego proveyó una muerte sacrificial en su lugar para remover la culpa (Gn. 3:21).

El anterior es un patrón establecido para tratar con los pecados del hombre desde la Creación. Este patrón prosigue a través de la revelación de Dios, el hombre confesando su pecado y Dios transfiriendo la culpa por medio de la provisión comprendida en la obra de Cristo en la cruz. Lo que Dios quita es el pecado, no algún espíritu o demonio que nos hace pecar.

Es importante saber que cuando las epístolas hablan de los diferentes pecados en la vida del creyente y cómo tratar con ellos, en ninguno de los casos se indica que un exorcismo es necesario. Sin embargo, muchos enseñan que los pecados mencionados en los pasajes bíblicos a continuación, son causados por demonios que pueden poseer a los cristianos (a los efectos prácticos, no hemos resaltado los pecados, sino los mandamientos y proposiciones referentes a la solución para tratar con ellos y la posición desde la que lucha el cristiano):

“Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricias … dejad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas de vuestra boca … habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos, y revestido del nuevo …” (Ef. 3:5,8-10).

“Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechizerías, enemistades, pleitos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes … pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos’” (Gá. 5: 19-21, 24).

“Porque de dentro del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios,, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez”. (Mr. 7: 20-22).

“¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios. Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios.” (1 Co. 6:9-11).

Una simple lectura de los pasajes anteriores nos muestra que los promotores de la “liberación” de demonios erran al no entender que:

1) La Palabra de Dios da por entendido que los cristianos tenemos el poder de “hacer morir” las cosas que ellos llaman demonios. La presencia del Espíritu Santo en los cristianos les da la victoria.

2) Los verdaderos cristianos han “crucificado la carne con sus pasiones”. Una vez más, está al alcance de la voluntad del cristiano el poder para despojarse del viejo hombre (su naturaleza pecaminosa, o carne). Los deseos pecaminosos en el cristiano no desaparecen, pero ahora tenemos el poder para vencerlos (Ro. 6:6,7,12,13). Puesto simple, en los cristianos genuinos, el pecado permanece pero no prevalece.

3) Nuestro propio Señor Jesucristo afirmó que los supuestos demonios que los ministerios de liberación expulsan, se originan en el interior del hombre.

4) A lo que ellos llaman demonios, la Biblia llama “obras de la carne” y “lo terrenal”, y los asocia con “la carne”, el “viejo hombre” y el “corazón de los hombres”.

5) El Espíritu Santo ya ha “lavado” y “santificado” a los creyentes. Si el pecado continúa en un persona en forma habitual, quizá no se haya producido esta acción del Espíritu Santo en la persona. En otras palabras, el niño puede haber nacido muerto.

6) La palabra “demonio” o alguna influencia semejante, así como las instrucciones para llevar a cabo una “liberación”, brillan por su ausencia en estos pasajes y en la Biblia en general (en referencia a inmoralidad y desobediencia).

7) El cristiano puede pecar, pero él es el único responsable por hacerlo. Ningún agente externo puede ser culpado por el pecado cometido por el cristiano. La Palabra de Dios nos considera responsables por nuestras faltas. Es gracias a la obra de Jesucristo en la cruz y su victoria sobre la muerte, que hoy podemos los cristianos venir a él en arrepentimiento y ser restaurados en la comunión con Dios. El incrédulo, por su parte, puede hacer lo mismo entregando su vida a Cristo en arrepentimiento y en fe para salvación eterna.

Dios ha provisto la solución para que no sigamos pecando:

“….. Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesus, Señor nuestro. No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que le obedezcáis en sus concupiscencias”. (Ro. 6: 11-12)

“Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu ….” (Ro. 8:9)

“Mas vosotros no habéis aprendido así a Cristo, si en verdad le habéis oído, y habéis sido por él enseñados, conforme a la verdad que está en Jesús. En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad”. (Ef. 4:20-24)

El apóstol Pablo parece estar bajo la impresión de que las afirmaciones, exhortaciones y mandamientos expresados arriba quieren decir algo realmente, no son palabras al viento ni son conceptos relativistas. La Palabra de Dios nunca llama al cristiano a hacer algo que el creyente no tiene la capacidad de hacer.

Esto significa que ahora tenemos la habilidad de elegir correctamente, de hacer el bien o el mal, de andar en el Espíritu o en la carne, de renovarnos en el espíritu y vestirnos del nuevo hombre, de considerarnos muertos al pecado y no dejar que el pecado reine en nosotros, si en realidad somos nacidos de nuevo.

El viento puede soplar hacia el este, norte, sur, oeste, o cualquier combinación de los anteriores, no importa hacia donde sople, es la posición de la vela la que determina la dirección en la cual el velero navega. Pongan sus velas en la posición correcta

¿Qué significa que hemos muerto al pecado? Significa que hemos muerto al dominio del pecado, o al reinado del pecado. Antes de confiar en Cristo como Salvador nosotros pertenecíamos al reino de Satanás y del pecado (Ef. 2:2). Estábamos bajo el poder del pecado, no teníamos la posibilidad de decir “no peco” — eramos esclavos o prisioneros, nacimos en esta esclavitud, todo individuo nacido desde Adán (con excepción de Cristo) nace esclavo del pecado y de Satanás.

Ahora, como dice el dicho, otro gallo canta. Dios ha provisto, ha puesto a nuestra disposición el camino hacia una vida de santidad y poder, una vida en el Espíritu. Dios lo ha hecho, pero como toda cosa dual en la Escritura, nosotros tenemos que resistir en el Espíritu. No confundamos el potencial de resistir (el cual Dios nos ha dado) con la responsabilidad de resistir (que es nuestra), y en esto, los demonios no tienen nada que ver. <>

*Este Escrito ha sido Publicado en este blog con el Permiso del hermano Pablo Santomauro*


El G-12 y la Sanidad interior

Junio 7, 2008

El G-12 y la Sanidad Interior

Por Pablo Santomauro

“La sanidad interior y la liberación constituyen etapas por las que todo cristiano comprometido debe pasar …” (Sueña y ganarás el mundo, César Castellanos, p. 105).

¿Practica la iglesia a la que usted asiste la “Sanidad Interior”? Si nunca ha escuchado este concepto, es necesario que esté advertido. También se le conoce por Sanidad de los Recuerdos, Sanidad Integral, o Sanidad del Alma. Los proponentes de esta técnica de consejería “cristiana” enseñan que el cristiano continúa arrastrando traumas y dolores del pasado (algo que puede ser cierto en algunos, pero no en todos) que deben ser tratados con una regresión al pasado hecha en grupo o individualmente bajo la dirección de un “consejero”.

Las procedimientos a seguir en la sanidad interior varían ligeramente dependiendo de quién la dirija. En el método usado en los Encuentros del G12, por ejemplo, se estimula al creyente a revivir escenas del pasado en diferentes situaciones y con personas que de alguna forma le hicieron mal, o con las cuales tuvo serios conflictos. Un vistazo a la lista de traumas que el guía sugiere al encuentrista, muestra que la mayoría de estos pudieron haber ocurrido en la etapa del embarazo de su madre y en la niñez. En otras palabras, fueron nuestros padres los que dañaron nuestra pristina inocencia infantil (algo que niega la doctrina bíblica de la naturaleza pecaminosa ya presente desde nuestra gestación).

El creyente es disuadido a “sentir” el dolor y agonía de esos momentos, describirlos públicamente y conectarlos con problemas en su conducta y carácter en el presente. En muchos casos se le dice al cristiano que imagine o visualize a Cristo para que su presencia ayude a sanar la herida del pasado y la cargue sobre él. De esta forma, el cristiano es libre de esa “opresión”. Una vez identificada la causa de los problemas, se sugiere a la persona que perdone y olvide. En el caso del G12, el perdón es concedido simbólicamente a otro encuentrista que representa a la persona del ofensor.

Es obvio que estamos frente a una peligrosa combinación de psicología freudiana con la implantación de ideas por sugestión y la visualización ocúltica. La razón por la cual la sanidad interior es atractiva es que los cristianos sabemos que Cristo sana nuestro interior en realidad. Como los proponentes de la doctrina la presentan con algunos términos bíblicos y dan participación a Cristo en sus sesiones, muchos piensan que se trata de algo bíblico o doctrinalmente correcto.

La vida en un mundo bajo la condenación de Dios

Primero que todo debemos reconocer que la creación cayó bajo la maldición del Creador luego del pecado de Adán. Desde entonces nadie vive sin ser afectado por el dolor de una u otra forma. Todos tenemos momentos traumáticos de diversa índole en el período de nuestras vidas. Al mismo tiempo, también causamos mal a otros en menor o mayor grado, o sea que todos somos víctimas y todos victimamos en algún momento.

La corriente humanista secular y religiosa ha inculcado en el hombre moderno la idea de que somos víctimas y nadie es responsable de sus actos. La psicología popularizó la técnica de la regresión al pasado de la persona para identificar los hechos traumáticos que aun influencian la conducta del presente. El atractivo de esta teoría es que los humanos tenemos tendencia a preferir ser “sanados” antes que aceptar nuestra responsabilidad y nuestros pecados.

Si bien existen factores externos en toda vida que afectan el desarrollo de nuestra personalidad, si fuéramos objetivos en nuestra apreciación tendríamos que aceptar que muchas de las situaciones en que nos encontramos tienen su origen en nosotros mismos. Hay casos en que sí, la persona ha sido dañada emocionalmente por circunstancias poco fortuitas y tiene necesidad de ser restaurada o sanada de sus traumas, pero ¿justifica esto el método de la Sanidad Interior? ¿No puede Dios tratar con nuestras heridas?

¿Cómo trata Cristo con nuestras heridas del pasado?

La pregunta nunca debe ser planteada sin antes preguntarnos primero cómo trata Jesucristo con nuestro pecado. Es obvio que cuando nos arrepentimos y ponemos nuestra fe en Jesucristo, nuestros pecados son judicialmente perdonados y somos vistos inocentes delante de Dios – somos salvos, justificados por gracia.

Una vez que ya formamos parte de la familia de Dios, comienza el proceso de santificación, de restauración y de sanidad interior, no la sanidad interior propuesta por la nueva corriente en la iglesia, sino la que consiste en la obra del Espíritu Santo y la Palabra de Dios.

La causa de que sistemas deficientes creados por el hombre invadan las iglesias, es la negligencia de los líderes en cuanto a enseñar en temas doctrinales como el ministerio del Espíritu Santo y el poder de la Palabra. Conceptos como la obra de santificación del Espíritu son completamente desconocidos por el cristiano moderno, es por ello que en lugar de buscar una vida llena del Espíritu y ser consolados por Cristo, buscamos ser santificados y sanados psicológica y místicamente..

El pasaje de Isaías 61: 1-4 describe un aspecto crucial en la misión de Cristo. Dice que Cristo fue enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, vendar a los quebrantados de corazón, publicar libertad a los cautivos y abrir la cárcel a los que están prisioneros, consolar a los enlutados y traer alegría y gozo a los afligidos. Este es el mismo pasaje que Cristo leyó en la sinagoga identificándose como el Mesías (Lc. 4:15). Este aspecto de la misión de Cristo muestra la forma en Dios opera; en otras palabras, esto es lo que el Evangelio hará por usted. ¿Cómo hace esto Cristo? A través de su Palabra en el poder del Espíritu Santo.

La Palabra de Dios es un poder activo en el alma del creyente. Es por ello que David en el Salmo 119 usa expresiones como: “vivifícame/susténtame según tu palabra, la exposición de tu palabra alumbra-hace entender a los simples, aflicción y angustia se han apoderado de mí – mas tus mandamientos fueron mi delicia (consolación en medio de los problemas), mucha paz tienen los que aman tu palabra”, etc. No dejan de descollar las palabras del verso 50 en el mismo Salmo 119: “Ella (la Palabra de Dios) es mi consuelo en mi aflicción.” La Palabra de Dios penetra a lugares que la psicología o los métodos de sanidad interior no pueden (He. 4:12-13).

El consuelo de Dios a los abatidos también se manifiesta a través de la comunión con nuestros hermanos en Cristo (2 Co. 1:4; Col. 4:11), y al recordar las promesas inalterables de Dios, en las cuales tenemos un “fortísimo consuelo al asirnos de la esperanza puesta delante de nosotros” (He. 6:17-18).

A su vez, el Espíritu Santo, quien es llamado el Consolador, como el propio nombre lo dice, reconforta, consuela, y también intercede por nosotros (Ro. 8:26-27). El fruto del Espíritu Santo es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza (Gá. 5:22-23). El fruto del Espíritu es el producto espontáneo de la presencia del Espíritu Santo en la vida del creyente. Estirando un poco la comparación con un fruto, digamos que no todos los gajos se desarrollan de la misma forma o estarán totalmente maduros, pero todos estarán presentes.

Si el Espíritu es el que trae estas características en el proceso de santificación, ¿cómo es que Castellanos y otros pretenden darle una ayudadita al Espíritu con sus métodos de visualización, sugestión y regresión al pasado? ¿Qué quiere decir Pablo cuando expresa que el hombre interior “se renueva de día en día” (2 Co. 4:16)? Si la Palabra dice que el creyente es una nueva criatura y que las cosas viejas pasaron (2 Co. 5:17), ¿por qué debemos volver al pasado para solucionar nuestros dolores del presente? ¿No es Dios el “Padre de misericordias y toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones” (2 Co. 1:3,4)?

Todas estos pasajes bíblicos son declaraciones proposicionales. Lo dicho es verdadero o falso, no hay una tercera alternativa. Cristo vino para aliviar al abatido y vendar a los quebrantados de corazón, o no. La Palabra de Dios es viva y eficaz y penetra el alma del hombre, o no. El Espíritu Santo da paz, o no. Somos nuevas criaturas, o no somos. Dios es el Dios de toda consolación, o no lo es. Los autores de la Escritura no participaban en juegos mentales en los que afirmaban y negaban la misma proposición, al mismo tiempo o por separado.

La obsesión por perdonar a toda costa

Los promotores de la sanidad interior consideran fundamental que el cristiano perdone a los que le hicieron daño en el pasado para poder crecer en su vida cristiana. Sin embargo, el perdonar no siempre es bíblico. De acuerdo con la Escritura solamente aquellos que se arrepienten pueden ser perdonados. Lucas 17:3-4 dice, “Si tu hermano pecare contra ti, repréndele; y si se arrepiente, perdónale. Y si siete veces al día pecare contra tí, diciendo: Me arrepiento; perdónale”. Mateo 18:15-21 expresa el mismo concepto y aun más, establece que si la persona que comete una falta no se arrepiente luego de ser confrontado por el ofendido, los testigos y la iglesia sucesivamente, no debe ser perdonada. Estos pasajes bien pueden ser los que regulan o cualifican las condiciones bajo las cuales se debe perdonar. Es a la luz de estos pasajes que debemos interpretar aquellos pasajes que hablan del perdón sin mencionar el arrepentimiento. Conclusión: Dios no nos exige que perdonemos a todo individuo sin el requisito de arrepentimiento como condición.

En el contexto del G12, se le pide al encuentrista que le pida a Jesús en oración que tome sobre sí la ofensa o herida, a los efectos de que el cristiano quede “libre de esa opresión.” El error teológico aquí es que Cristo ha tomado sobre sí nuestros pecados, los de los cristianos, pero las ofensas y/o heridas que nos causaron otros sólo serán tomadas o llevadas por Cristo, si los ofensores se arrepienten y lo aceptan como Señor y Salvador. No tiene sentido que nosotros perdonemos a alguien sin ninguna condición previa, cuando Cristo mismo no lo hace.

Lo que sí podemos hacer, y la presencia del Espíritu Santo en nosotros nos habilita para hacerlo, es no conservar y alimentar sentimientos de amargura, rencor y venganza contra los que nos hicieron mal. La persona que no hace eso, se perjudica a sí misma mental, espiritual y físicamente ya que vive esclavizada perpetuamente al pasado. La nueva vida en Cristo nos permite mirar hacia adelante en la vida cristiana, sin fermentar interiormente resentimiento y odio, y esto es algo muy diferente a perdonar.

El ingrediente fundamental en la sanidad del alma no es el perdón, sino la gracia de Dios que nos transforma de ser víctimas resentidas en hombres y mujeres victoriosos en Cristo. Pablo dijo, “olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está adelante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús” (Fil 3:13-14), y ésta debe ser la consigna de todo cristiano.

Por qué debemos rechazar la Sanidad Interior practicada por el G12 y otros “consejeros”

1) No es bíblica – No hay un solo pasaje en la Escritura que ni siquiera mencione algo similar a lo que hoy constituyen las prácticas de Sanidad Interior o Sanidad de los Recuerdos. No encontramos ningún ejemplo de los profetas, Jesús o los apóstoles practicando o sugiriendo la técnica o algo parecido. Los pasajes que los promotores de la Sanidad Interior citan, no tienen ni la más remota conexión con ella. Si la Sanidad Interior fuera una solución efectiva para sanar el alma, no tenemos más remedio que concluir que Dios privó a los cristianos por los últimos veinte siglos de una herramienta importante para el crecimiento espiritual. Esto no es congruente con el carácter de Dios.

2) Es una burla al poder de Dios – Como ya hemos visto, la Sanidad Interior con su fundamento en la psicología pone al hombre en control prescindiendo del poder que Dios provee al cristiano. Es un método creado por el ser humano y desconectado totalmente de la instrucción bíblica. Es la negación total de la verdad bíblica que dice “que el comenzó en nosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo” (Fil. 1:6).

3) Tiene connotaciones ocúlticas – La práctica de imaginar o visualizar a Jesús y darle participación en la recreación mental de los hechos del pasado, es definitivamente de raíces ocúlticas. La Nueva Era popularizó hace algunos años la técnica ocúltica de visualizar objetos o personas para suspender el flujo normal de los pensamientos y lograr un estado de conciencia alterado. La técnica es un caldo de cultivo para todo tipo de actividad mística y ocúltica. Esta afirmación es válida también para el uso de la imaginación, ya sea por iniciativa propia o con la ayuda de un “guía” o instructor. Si bien el contexto de la visualización en la Sanidad Interior es supuestamente cristiano, la práctica hace al cristiano vulnerable al abrir la puerta a la dimensión ocúltica.

4) Siempre viene acompañada con otras aberraciones – La Sanidad Interior es siempre parte del paquete completo que viene con la liberación de demonios y la cancelación de maldiciones hereditarias o generacionales, doctrinas éstas que atemorizan y esclavizan a los cristianos privándolos de gozar la plena libertad de la vida en Cristo. En el caso específico del G12, se agrega al paquete un liderazgo con aspiraciones mesiánicas y matices sectarios, y un sistema de crecimiento de iglesia que ha dividido congregaciones alrededor del mundo. <>

*Este Escrito ha sido Publicado en este blog con el Permiso del hermano Pablo Santomauro*